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Israelitas detestan el culto a la personalidad

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Una acción artística sobre el culto a la personalidad del primer ministro israelí acaba en alboroto ciudadano

El Consistorio de la capital económica y cultural de Israel acabó exigiendo al artista que retirara la estatua de la vía pública. La ministra de Cultura, Miri Regev, se apresuró a darle la réplica en Facebook a Zalait: “Israel es una democracia y uno de los países más libres del mundo”

Los ciudadanos que paseaban a primera hora de la mañana de ayer por la plaza de Isaac Rabin de Tel Aviv se encontraron por sorpresa con una estatua dorada del primer ministro, Benjamín Netanyahu, sobre un pedestal blanco.
Algunos parecían preguntarse si el culto a la personalidad del líder, de corte norcoreano, se había extendido ya hasta Israel.
Se trataba sin embargo de un provocador montaje del artista local Itay Zalait, quien venía advirtiendo días atrás a través de los medios con insistentes correos electrónicos de que estaba preparando una “acción subversiva” que daría que hablar para verificar los límites de la libertad de expresión en el país.
Amplificada por Facebook y con las televisiones emitiendo en directo ante el “monumento al rey Bibi”, la performance que se desarrolló a los pies del Ayuntamiento de Tel Aviv fue la comidilla de las conversaciones en todo el Estado judío. Unos intentaban descifrar la simbología bíblica del icónico del becerro de oro. Otros veían una siniestra significación, ya que el lugar era conocido como plaza de los Reyes de Israel hasta el asesinato en 1995 del primer ministro Rabin en esa misma explanada.
De nada sirvieron tantas cavilaciones. En un movimiento de raíz espontánea, decenas de personas convocadas por mensajes cruzados a través de las redes sociales acudieron ante la estatua con el objetivo de derribarla como a la efigie de Sadam Husein en Bagdad en 2003. Esta vez el paralelismo parecía mucho más evidente.