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Huella digital   

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El universo digital guarda innumerables secretos de nuestro comportamiento.

 

Actualmente todo usuario de las redes sociales deja a su paso una senda donde se registran vestigios de su peregrinar por el universo digital. El caudal de información disponible es realmente sorprendente, no sólo por la precisión y la velocidad de generación de estos datos, sino de manera más delicada, por la permanencia (quizá eterna) de cada expresión en ese mundo. De igual forma los programas que analizan la conducta de los cibernautas integran toda la información disponible para construir mapas de grupos demográficos predefinidos por género, edad, ciudad o país, así como por sus características socioeconómicas, raciales, religiosas, forma de vida e intereses específicos que miden la frecuencia de palabras utilizadas y contenido de sus mensajes. Por ello es importante considerar nuestras expresiones en línea, ya que son revisadas por las empresas antes de contratar a sus empleados. Esto no es producto de alguna mente maquiavélica dedicada al espionaje, son acuerdos entre particulares que todos aceptan al abrir una cuenta de correo electrónico o en una red social.

En estos archivos de navegación coincidimos con muchas naciones en el consumo de contenidos y consultas para el entretenimiento audiovisual, la lectura, el deporte, la investigación escolar y universitaria, así como el intercambio comercial, avances científicos o simplemente una nueva forma de diálogo a distancia.

Sabemos que, al igual que muchos países, compartimos y disfrutamos del humor ingenioso, la ironía creativa y la crítica abierta. En recientes estudios se reporta que México es un país con una sociedad alegre, pero al revisar sus pasos en la red se descubre que en el interior reside una agresividad latente que nos presenta como una sociedad hostil, grosera, antagónica y capaz de reaccionar ofuscadamente a la menor provocación, lo que deja entrever la baja autoestima de sus emisores. No todo son palabras, son imágenes e íconos gestuales que a su vez tienen significados negativos o que denotan desaprobación.

La libertad de expresión es el punto de partida de todas las libertades, por lo que es innecesario pensar en establecer límites o controles a las redes como sucede en varios países. Lo importante de esto es que muchas de las preguntas que tenemos acerca del nivel de actividad económica, de convivencia armónica y de capacidad de superación individual se reflejan en el escepticismo de quienes desearían que nuestro país avance en el desempeño de su economía, en la confiabilidad de nuestras leyes y en los valores de nuestra sociedad.

 

El uso de las redes es pues una herramienta que, más que dividir a la sociedad, debe contribuir a fortalecer nuestra cohesión como cultura, como sociedad, como nación moderna y competitiva.

Muy pocos son los casos de éxito en el liderazgo digital cuando los contenidos son exclusivamente negativos; los liderazgos más exitosos en la red se construyen con creatividad, innovación e inspiración como elementos de alto valor positivo que la sociedad aprecia. Lo que se manifiesta en nuestras redes es la necesidad de que las cosas cambien para mejorar. Para ello es imperativo que la sociedad dé el primer paso con un cambio de actitud y de forma de pensar, donde la expresión negativa estéril sea sustituida por una convocatoria sensata para compartir lo mejor de nuestras capacidades, ideales y valores. ¿Quién se atreve a lanzar el primer tweet?

Rúbrica. Algunos políticos ignoran que El Quijote nunca habló con Sancho Panza de los “perros que ladran”. Una frase parecida a ésta se encuentra en el poema de Goethe titulado Ladrador (1808). Es una alegoría ajena al texto de Cervantes que alguien dijo y muchos repiten sin saber. Por ello hay que tener en cuenta que “¼cuando los perros ladran¼” sólo el primero sabe por qué.

 

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