En el cisma del Brexit casi todas las notas acaparan los reflectores y se distraen realidades que deberían cimbrar al mundo.
En estos momentos, la Unión Europea ha cerrado sus fronteras a la migración en una complicidad maldita que aterra y donde no existe ningún planteamiento humanitario que haya provenido con seriedad de Naciones Unidas, por lo que tan sólo en Grecia se encuentran 60 mil personas refugiadas a su suerte, son de origen sirio en su mayoría.
Es evidente, que esto ocasiona desencuentros sociales entre los habitantes de Grecia y los migrantes, los cuales han sido hostilizados de diferente manera porque por obvias razones se sitúan como desconocidos y copan espacios y suministros de las zonas donde se encuentran y, ante la carencia de medidas de los estados para entender y atender este fenómeno, se le obvia y pretende olvidar.
Después del Brexit, la voz cantante en la UE la tiene Alemania, pero su actuación ha sido inconsistente e insuficiente tratando de pactar con otros países, entre ellos Turquía para que acepte migrantes y, ante el cierre de fronteras en Inglaterra, las cosas se han puesto al rojo vivo.
Lo asqueroso de todo esto, es que a la UE le preocupa el mercado pero no las personas, por ello lo que se cacarea son los posibles estragos del Brexit o salida de la Gran Bretaña de la ECU, sin que se hable de esta crisis humanitaria que debe significar una vergüenza para las entrañas de los gobiernos europeos que de manera insultante ignoran un problema que no puede ser ignorado.
En los hechos, estamos ante los apetitos e intereses de mercado y de los grupos que controlan al mercado que lo deshumanizan todo; por ello, no puede extrañarnos, los desencuentros sociales que existen en Europa ante la indolencia de los gobiernos son evidencia que el mercado sujeta al Estado y no a la inversa, cuestión que pone de rodillas a los pobres, que es evidente que no le importan ni interesan a ningún gobierno.
Los gobiernos europeos muestran sus colmillos. Como tantos otros, protegen intereses de grupúsculos económicos que lo mismo controlan la banca, la industria y los recursos naturales de los países, explotan a los trabajadores e insultan cualquier sentido de humanidad y derecho humano que debería ser la regla y no la excepción en el orbe.