El testículo Nazi
Sin huevos o con huevos, no es cuestión de huevos sino de dignidad humana.
Un hallazgo insólito pero sin pena ni gloria, es la de unos documentos que señalan que Adolfo Hitler tenía un solo testículo producto de que habría perdido uno en la batalla del Somme en la Primera Guerra Mundial.
La noticia no tiene ningún valor, salvo que se le pudiera relacionar con el hecho de que esto pusiera explicar que ante sus impedimentos físicos se exacerbara su brutalidad mental. Sea como fuere, nada sorprenden las narrativas insólitas de un estúpido como Hitler, cuyo liderazgo basado en la xenofobia y el racismo llevó al mundo a una de las páginas más negras que se hayan escrito en la historia de la humanidad.
El holocausto no puede ni debe ser olvidado para que no vuelva a repetirse, no puede permitirse que los pueblos experimenten brotes de xenofobia o racismo, como tampoco es admisible que los estados nacionales no hayan tomado mayores medidas frente a este tipo de cosas, más aun, paradójico resulta que la comunidad europea se haya comportado de manera brutal ante la migración Siria.
Con huevos o sin huevos, no es cuestión de huevos sino de dignidad. Es innegable que los derechos humanos deben constituir la prescripción que haga posible que ningún otro derecho se superponga a la protección de los derechos inherentes a la persona, esto es claro, sin embargo, sabemos que en la vida cotidiana en diferentes estados esto no rige, sino los intereses económicos y políticos que suelen estar por encima de la dignidad humana, el ejemplo más claro lo tenemos en el trabajo, derecho humano, que lo que ha hecho en la mayor de los casos es negar la vida, porque los salarios de hambre que suelen ser pagados, provocan eso. Hambre.
Hitler es la antítesis de la dignificación humana, constituye un encarnizado ejemplo de que los seres humanos guiados por nuestros apetitos y por nuestras zonas oscuras podemos y, en los hechos lo hacemos, negar la vida para satisfacer nuestros mezquinos intereses, ante esto, no queda más que crear una conciencia que condense en un derecho humano realmente internacional, custodiado, que pueda servir de freno a los intereses mezquinos.