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Historias de Buró Abandonado

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Cuatro años acompañó a una familia, en sus ratos libres, alegría y sufrimientos; en los días soleados y lluviosos, vigilante desde la ventana que daba al patio trasero, su alegría la compartía aun cuando no estuvieran físicamente a su lado.

Rufino, un perro labrador que había sido adquirido de una tiendas prestigiosa de mascotas, a un muy alto precio.

La familia que lo había comprado parecía cariñosa, tranquila y humana. Compuesta por cuatro elementos; el padre quien solía llevarlo a correr todas las mañanas, dos niños de nueve y diez años que jugaban a todo tipo de aventuras en el patio,  y la madre que aunque con menos contacto, solía darle de comer, procurar su aseo y cubrirlo de la lluvia y el frío.

Cuando era cachorro, fue la adoración de todos, dueños y amigos, quienes no perdían la oportunidad de cargarlo, acariciarlo y consentirlo, sin embargo conforme fue creciendo su carisma se fue perdiendo.

Nunca se escapó de casa, siempre bien portado y sin ninguna travesura, no fue agresivo o extrovertido, pero no fue suficiente para ellos.

Encadenado a una casa de perro observó por cuatro días como de aquel hogar vaciaban todo. Después de terminado, el pequeño de nueve años se acercó, dejó un platón de croquetas, un poco de agua y se marcharon. Varios días pasaron y no regresaron por él. Confiado en que lo harían, aguardó y vigiló su hogar por mucho tiempo, día y noche sin descanso.

Después de semanas, perdía la esperanza de volver a verlos. Después de unos meses perdió la vida sin saber de ellos.