Después del quinto informe del gobierno local, se dio el banderazo de salida para dar paso a los procesos de selección de la candidatura a gobernador/a en el estado de Hidalgo. Sin embargo, con el “regreso del PRI” a los Pinos, que representa la restauración del presidencialismo, hoy no está claro ni el método ni la forma de la decisión definitiva y todo puede suceder. Los liderazgos locales y pre candidatos han iniciado la noche más larga y negra de su vida política.
Si recordamos los métodos más relevantes en las últimas sucesiones de gobernador vamos a encontrar por lo menos tres etapas: la de la hegemonía partidaria, la decisión final venía del centro del poder, el factótum era el residente de Los Pinos; el segundo momento iniciado por la transición política y el cambio de leyes y reformas políticas de 1977 no cambió mucho había cierta transacción e intercambio con fuerzas locales, y en la tercera etapa, con la alternancia del 2000 las fuerzas locales y gobernadores tuvieron mayor presencia en la decisión que tomaba el CEN del PRI.
En este marco referencial podemos observar las diferentes sucesiones, y los rituales de destapes que hubo en esos periodos. Guillermo Rosell de la Lama (1981-1987) y Adolfo Lugo Verduzco (1987-1993) son los últimos que llegaron por el dedazo directo. Jesús Murillo Karam (1993-1999) dio paso a una selección más negociada, entre los distintos grupos internos y representación de poderes.
La transición política obligó inclusive a procesos de consulta interna, vía voto de representantes, que permitió la llegada de Manuel Ángel Núñez Soto (1999-2005) fue una experiencia inédita que difícilmente se repetirá a pesar de haber candidaturas distintas, representativas de proyectos diversos, además por lo que representa el desgarramiento y posibilidad de escisión de fuerzas internas. En la etapa de la alternancia, se empiezan a desdibujar los factores para llegar a la gubernatura y se fortalece la influencia de poderes locales. De ese modo llega Miguel Ángel Osorio Chong (2005-2011) y luego Francisco Olvera Ruiz (2011-2016) adquiere la candidatura sin necesidad de tener una carrera política de cargos en el centro o la federación.
Con los años de competencia electoral y alternancia se podría decir que han mejorado los métodos en el PRI pero por el contrario los mecanismos de selección parecen ser más cerrados y selectivos. Aunque con la alternancia del 2000 se imprimió un cambio generacional, con candidatos “más jóvenes” parece que la meritocracia, las trayectorias y carreras políticas ya no son un factor decisivo.
Hoy esto último parece transcurrir en Hidalgo. Todo parecía cierto para aquellos mejor posicionados sobre todo con cargos de representación popular. A ello se agrega el principio de paridad de género en donde se debe construir propuestas equitativas, es decir si internamente se aplica este criterio universal se termina toda una etapa de selección a través de una terna. Lo que hace compleja la decisión.
Por eso llama la atención, el golpe en la mesa con una “enviada” desde el centro que viene a alterar las apuestas de última hora. No es un pestañeo definitivo ni el “caballo negro” que ganará la carrera de manera imprevista. Claramente se trata de hacer compleja y de incluir más actores en la negociación y decisión que parecía ya estaba definida entre dos principales contendientes.
Ya no habrá ternas, posiblemente se configuran listas, dada la presencia de una nueva legislatura federal que da fuerza a quienes desde cargos locales era imposible figurar. A ello se suma la llegada de Manlio Fabio Beltrones al PRI quién difícilmente dejará la oportunidad para meter la cuchara. Los tiempos han llegado, se vive un Hidalgo un momento de definición, un interregno, donde suele perder fuerza paulatina el gobernante, al grado que los llamados a “esperar los tiempos” ya nadie los escucha, e inclusive ya varios/as levantan la mano, simplemente para ver que les toca.
En el interregno, también son los momentos de la movilización, de negociación y de fuerza para poder incidir en la decisión, no hay mañana. Mientras las bases priistas esperan, los grupos políticos amarran navajas y banderas, o ya se encuentran en incipientes “cargadas”, los/as aspirantes pasan una larga y muy negra noche. Todo puede suceder, lo único cierto es que la decisión viene del centro, no se tomará en Hidalgo ni por sus militantes.