Home Nuestra Palabra Había un país

Había un país

0

Había un país en algún lugar del mundo, de esos lugares recónditos dónde aún se creía que había oscuridad y que la luz era un arma en contra de la naturaleza y del orden, en aquél lugar lejano dicen que tenían un poderoso y gran escudo que estaba conformado por un águila que posada en un nopal devoraba una serpiente.

Había un país que era abundante y rico en su naturaleza, que pronto los gobernantes comenzaron a saciarse y a hacerse de estos. Tanto que en sus banquetes dejaban por sobras, lo que para muchos hubiera sido un suculento manjar y la comida para una familia completa en el transcurso de un año.

Había un país en el que con tanto desperdicio la fauna comenzó a ser nociva. De esta forma en aquellas tierras lejanas emanó una plaga de ratas que comenzó a dañar cuanto en su camino encontraban, acabaron con las casas, acabaron con las familias, acabaron con los pueblos y los patrimonios, los animales acabaron con las ciudades pero sobre todo con la nación.

Había un país en dónde un pueblo cansado del saqueo comenzó a exterminar la plaga de ratas, primero fue en una comunidad en la que lograron acabar con todos los roedores, incluso las que no eran ratas, y después el movimiento se extendió hasta las fronteras de aquella República.

Había un país en el que al acabarse las ratas, la serpiente comedora de ratas, también comenzó a extinguirse, y ante la necesidad comenzaron a comer otros animalejos con los que también acabaron, incluso con colonias de animales organizados y al no haber más comenzaron a comerse entre ellas, de esta forma en aquél país las serpientes se devoraban entre ellas.

Había un país en dónde al acabarse las ratas, las serpientes se devoraron entre ellas, y al extinguirse, las águilas ya no tuvieron que “echarse” de botana, sobre todo cuando se posaban en los nopales, así que el águila decidió echarse a volar, y buscar en otra parte, el alimento que necesitaba para existir.

Había un país dónde al no haber ratas, se acabaron las serpientes y se fueron las águilas, un país que se quedó con puros nopales que al estar enraizados no pudieron huir de la calamidad que arrasó a la nación que se quedó sin escudo.

Había un país que hizo que las ratas fueran necesarias, que las dejó crecer como plaga, que las logró exterminar y que se desmoronó por acabar con ellas, y todavía dicen que los habitantes de ese país, aún lamentan haber hecho que las ratas se fueran, por lo que ya hay quién asegura que hay varios que están en la búsqueda de que algún ejemplar haya sobrevivido la masacre a fin de “restaurar” el daño hecho.

Había un país dónde dicen que a las ratas les hacen monumentos, les aplauden y las tratan como dioses. Que en aquél país sustituirán el escudo que tienen por el de una rata que sale entre los nopales, nada más para tener bien presentes “que las ratas son necesarias”, bonita lección.