Home Orbe “Ha sido un castigo celestial por ensuciar nuestra alma”

“Ha sido un castigo celestial por ensuciar nuestra alma”

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  • Para el padre de Kumari Devi, Ramesh Arya, el hecho de que el temblor destruyera la cercana plaza de Durbar y respetara la vivienda de la llamada “diosa viviente” tan sólo podía atribuirse a un poder sobrehumano.

Katmandú, Nepal.- Pese a la catástrofe que ha asolado el país, la pequeña de siete años y toda su cohorte permanecían aferrados a la estricta normativa que marcan su existencia. El periodista tuvo que despojarse de su cinturón de cuero -ese material está prohibido en presencia de la “diosa”- y se abstuvo de dirigirle la palabra.

Fueron los progenitores de la pequeña los que se encargaron de ejercer como sus portavoces. “Kumari había soñado con el temblor. Mientras dormía vio como se movía la tierra. Sabíamos que algo iba a pasar porque estaba muy triste”, recordó Arya.

La niña permanecía sentada en su pequeño trono, vestida y maquillada con sus galas habituales, y rodeada de decenas de velas.

Se supone que ella es la encarnación de la diosa Taleju (Durga en India), que fue elegida entre muchas gracias a sus 32 atributos distintivos -los llamados “lachhins”- y que permanecerá siendo una “deidad” hasta que tenga su primera regla, cuando regresará al mundo de los “mortales”.

“Cuando comenzó el terremoto, todos empezamos a rezar: decíamos ‘¡Kumari matai, kumari matai!” (¡Kumari, protégenos!). Dios nos escuchó”, afirmó Sabita Bajrach, la madre de la niña.

En una nación profundamente influida por las creencias religiosas, el sismo que devastó Nepal el pasado fin de semana ya ha encontrado una explicación vinculada a la fe tanto para los que han eludido la muerte como para los que han sufrido su azote.

“El país está repleto de pecadores”

“Ha sido un castigo celestial. Este país está repleto de pecadores que han ensuciado nuestro karma”, clamaba el monje Lama Chombo, mientras recorría las ruinas del complejo religioso de Swayambhunath, apodado el “Templo de los Monos”.

El conglomerado de monumentos que quizás fuera la imagen más conocida de Nepal -con su enorme estupa blanca coronada por un torreón dorado y la legión de primates que pululan por la colina-, es un reflejo de la tragedia que se ha abatido sobre este país.

Varios monolitos se han desplomado. Lo mismo que las viviendas del entorno. Tres de ellas se hundieron justo al costado del monasterio de Karma Raja Maha Vihar. Allí murió aplastado un empleado de este enclave sagrado budista.

Según Vejugaratha Madchakaya, de la veintena de edificios donde residían los monjes de Swayambhunath -incluido en la lista de monumentos Patrimonio de la Humanidad- tan sólo tres permanecieron intactos. “Llevará años recuperar todo esto”, señala.

Vejugaratha también coincide en que “Dios está muy enfadado”, pero como otros muchos prefiere dirigir su ira hacia el gobierno local, que está acumulando incontables críticas por su desempeño en las tareas de rescate y asistencia a los supervivientes del temblor. (Agencias)