TECNOCULTURA
¿Cómo será el mundo en 100 años? Es una pregunta que ha buscado respuesta tantas veces en la literatura, el cine, la ciencia. Las visiones del futuro no siempre terminan acertando o siquiera acercándose a la realidad, hay pocos atinados “Julio Verne” en la historia del arte.
La revolución industrial implantó la idea de que el futuro era prometedor, que había que trascender el pasado y sus formas y que los avances tecnológicos sólo podían (o casi) añadir beneficios a nuestra vida.
Un par de generaciones después se tiene la idea de que perderemos mucho más en la transición, pensar que la tecnología “destruye” es un pensamiento muy moderno (o posmoderno, dicen algunos) y hay movimientos casi religiosos que buscan salvarnos de alguna catástrofe tecnológica.
Si bien ese “destruir”, en el arte al menos, significa más bien cambiar de soporte, de herramientas, pasar de lo análogo a lo digital, muchas veces ese cambio y esos nuevos soportes y formatos implican la devastación de los recursos naturales, renovables o no, esa es la parte de verdad de los milenaristas antitecnología.
El libro, por ejemplo, se ve “amenazado” tanto por el papel y tinta digitales como por la destrucción sistemática de los bosques, de donde procede la materia prima. Una artista escocesa tiene ahora un proyecto a futuro, a 100 años, en lo que puede considerarse su respuesta a la pregunta del principio, y a esta visión catastrófica con respecto al libro-objeto tal como lo conocemos.
Katie Paterson ha fundado “Future Library”, un proyecto que la artista no podrá ver concluido, ni ella ni nosotros, ya que depende en gran parte de un bosque de mil árboles —que proveerán el papel para los libros— y que no es más que semillas en este preciso momento. “Future Library” será inaugurado en 2114 en Oslo, ciudad en la que también crecerá el futuro bosque. Todos los títulos serán inéditos, de autores contemporáneos, los títulos se irán sumando a razón de uno por año hasta llegar a 100, serán resguardados por las autoridades noruegas hasta que llegue el momento de su publicación y exhibición.
¿Serán estos 100 ejemplares los únicos libros en papel que podrán ser consultados en el futuro? Parece difícil creerlo así, sin embargo el tratamiento mediático que se le ha dado al proyecto lo postula como el garante para que nuestros nietos puedan tener en sus manos ese objeto extraño que será el libro de papel en el no tan lejano segundo siglo de este milenio, lo cual es una pretensión innecesaria ya que el proyecto —sin considerar lo literarias que resulten las obras— se sostiene sin tal catastrófica visión. La artista ha manifestado también el reto conceptual para los autores de crear una obra que pueda ser del gusto del lector del futuro, otra necedad en el proyecto.
Lo más probable es que “Future Library” no sea el mesías que salvará al libro de papel; tampoco es un proyecto literario de gran envergadura; es, eso sí, un proyecto que documentará una postura de este siglo respecto al libro como objeto, al temor a lo digital y esa inherente fascinación de nuestra raza por el futuro y sus escenarios catastróficos.
@Lacevos