
LOS GRUPOS
Prisciliano Gutiérrez
Todas las grandes corrientes en diferentes ramas del saber humano, comienzan por ser pequeños grupos de individuos que comparten un objetivo común. La afinidad es una primera etapa y los temas que se abordan suelen ser frívolos e intrascendentes o profundos y especializados, pero siempre con base en la confianza y el sentido de pertenencia.
Las sociedades, todas, en sus diferentes estratos, generan la formación de minúsculas células con intereses bien determinados; así, se forman grupos muy selectivos y hasta excluyentes, que se reúnen semanalmente (por ejemplo) para jugar dominó o cartas; es obvio que los conflictos que espontáneamente surgen, están relacionados única y exclusivamente con los tópicos que derivan del juego o de los recursos monetarios que de él derivan. También (y esto es frecuente) se activan organismos, cuyos miembros normalmente se denominan a sí mismos “bohemios”; se reúnen para cantar, decir poemas o tocar algún instrumento, bajo el influjo de bebidas espirituosas y siempre con los mismos temas interpretados por los mismos actores, en una repetición sin fin de un programa no anunciado. Estas pequeñas sociedades de “bohemios” no riñen con la admisión de auténticos intelectuales, críticos de la política y de los políticos de la sociedad donde viven. Aunque en estos ambientes suele surgir crítica bien sustentada, la naturaleza de los mismos hace que las autoridades no les otorguen importancia; los tildan de “sociedades de borrachos”.
Sin embargo, no se debe despreciar la actividad de estos grupos. Así se formaron las huestes revolucionarias que, en 1793 lograron la guillotina para los monarcas franceses y toda una pléyade de sucesos que dividieron al mundo en diferentes espacios generadores de ideologías excluyentes entre sí.
En la Nueva España, los precursores de la independencia encabezados por “El Zorro”, Don Miguel Hidalgo y Costilla, se reunían en mini tertulias con el pretexto de leer poemas, escuchar música y montar obras de teatro, como el célebre “Tartufo”, de Moliere, cuya leitmotiv se encuentra en la vida y milagros de un cura católico, el cual es conocido hasta la fecha como el arquetipo del hipócrita entre los hipócritas. Así, entre teatro, poesía, música y baile, fue creciendo la conspiración que concluyó con las jornadas sangrientas en el pueblo de Dolores y en la ciudad de Guanajuato, para empezar.
La eterna pugna entre conservadores y liberales se refugiaba en el secreto de las logias masónicas: yorkinos -vs- escoceses, estuvieron en prolongada y discreta disputa durante el periodo inmediatamente anterior a la Guerra de Reforma. La brillante generación que acompañó a Don Benito Juárez se formó en la Academia de Letrán, en cuyo seno, Ignacio Ramírez “El Nigromante”, pronunció su célebre discurso cuya frase inicial fue: “Dios no existe, las cosas naturales se sostienen por sí mismas”, lo cual levantó gran revuelo en la sociedad de su tiempo, dentro de la cual, ameritados frailes y teólogos miraron con desprecio al imberbe joven que se atrevía a tal blasfemia. Antes de este grupo de intelectuales, existió el Liceo Hidalgo, cuyo principal impulsor fue Francisco Zarco; también pasó por él, la elocuencia de Guillermo Prieto, con sus poemas a la “Musa Callejera”.
Cada movimiento social, intelectual, literario, político e inclusive armado, tiene sustento en grupos que se integran de manera espontánea y permanecen durante varios años reuniéndose periódicamente; algunos llegan a ser productivos, en ellos se gestan libros e inclusive corrientes literarias de peso, en su momento; otros se toman como pasatiempo de sus integrantes, aunque entre ellos existan verdaderos polemistas y estudiosos de su entorno y sus problemas.
Los gobiernos estatales y nacional, ven con desconfianza a estos organismos; piensan que son proclives a la conspiración, a la anarquía y al desorden en general. Tal vez en el fondo tengan razón; sobre todo cuando el grupo en cuestión está integrado por políticos. Al respecto, pregunto ¿De qué puede hablar un grupo de políticos, si no es de política? Las diferencias y las coincidencias se dirimen hacia dentro; en donde se generan verdaderas batallas ideológicas, disidencias y afinidades que van integrando grupos menores (facciones) dentro del todo.
La Historia de la Revolución Mexicana, registró una etapa que se llama así: “La Lucha de Facciones”; ésta se da cuando surge una serie de caudillos que forman su propia corriente y, en este caso, el objetivo común era ganar y permanecer en la Presidencia de la República. La formación del Partido Nacional Revolucionario y todas sus derivaciones, logró esas metas, aún cuando los caudillos que las inspiraron, fueron devorados por la revolución; así se cumplió el viejo adagio que dice “Las revoluciones devoran a sus propios hijos”.
Con seguridad, todos los que tenemos inquietudes políticas, culturales, lúdicas, artísticas, etcétera, tendemos a integrarnos en grupos, los cuales, generalmente, comienzan por ser totalmente apolíticos. En ellos está presente el comentario chusco, la crítica mordaz a personajes públicos, comentarios de tópicos nacionales y estatales de mayor relevancia, la integración amistosa más profunda y respetuosa (en el fondo) de las profesiones de cada uno, el calambur espontáneo y así por el estilo, hasta que la dinámica social los envuelve en la participación activa, en una actividad política. Es el caso que envolvió al grupo de desayunadores profesionales que nos reunimos los jueves, en un conocido restaurante.
Acaba de pasar una elección al gobierno estatal, en la cual no nos fue nada bien. Ahora, de manera natural se está buscando la reorientación del grupo. Nos seguimos reuniendo con aquellos y aquellas que, de acuerdo con la opinión pública, pudieran ser nuestros caudillos. Por lo pronto, no existe ninguna evidencia de que este grupo informal se transforme en una organización política. Estamos tranquilos los fundadores y los nuevos. Tenemos experiencias de otros organismos como el nuestro, que cuando se politizan, en poco tiempo desaparecen.
Después de más de quince años, se me haría un tristísimo final.