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Estados Unidos, la guerra como industria del dolor

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El Ágora

    •    Desde luego, no puedo afirmar que la decisión de Trump haya obedecido a su urgencia por “cerrar filas”… 


     Estados Unidos de América, el país donde los servicios médicos, debido a su alto costo, son inaccesibles para el trabajador promedio; en el que a pesar de contar con universidades de primera línea, millones de jóvenes se quedan sin recibir una educación superior ante la imposibilidad de pagar, sin endeudarse por años, las elevadas cuotas y colegiaturas; nación en la que todavía existen retos para acabar con la discriminación en todas sus formas y con la encarcelación masiva de las minorías raciales.
Lugar que se ha convertido en ejemplo de la desigualdad económica, pues alberga a algunos de los multimillonarios más acaudalados del planeta, como Jeff Bezos, dueño de Amazon, quien se ha enriquecido mediante la explotación voraz de sus trabajadores, mientras que, por poner un ejemplo y como punta del iceberg, continúa sin resolverse la famosa crisis del agua en la ciudad de Flint, Michigan, recientemente calificada por Gretchen Whitmer, su propia Gobernadora, como uno de las peores desastres ambientales causados por el hombre jamás vistos. 
Por eso, y por otras tantas razones, resulta contradictorio que sea precisamente en ese país donde, además de todo, la guerra se haya consolidado como una de sus principales industrias, una que además es sumamente redituable, en muchos sentidos, tanto para políticos, como para empresarios.
El último personaje que ha puesto el tema bajo el reflector, ha sido, como no podía ser de otra manera para empezar el 2020 con las alarmas encendidas, el Presidente Donald Trump, tras haber ordenado, el pasado 3 de enero, un bombardeo al aeropuerto internacional de Bagdad, que resultó en la muerte del General Qasem Soleimani, uno de los militares más importantes de Irán.
Desde luego, no puedo afirmar que la decisión de Trump haya obedecido a su urgencia por “cerrar filas” y obtener apoyo por parte de los votantes indecisos de cara a las próximas elecciones presidenciales, sin embargo hay elementos para reflexionar al respecto, ya que el contexto político en que se ha visto envuelto en los meses recientes no le es tan favorecedor como él, quizás, habría presupuestado para estos momentos. Hace unas cuantas semanas la Cámara de Representantes del Congreso Estadounidense aprobó el Juicio Político (Impeachment) en su contra, amén de los múltiples escándalos y cuestionamientos que han acompañado a su administración.
Y eso, cuando hablamos de un político que ha dado muestras evidentes de egocentrismo y mezquindad en el ejercicio del poder, da como para no descartar, al menos de inmediato, las más terribles intenciones en su proceder. Caray, hay que ver la banalidad y triunfalismo con el que Trump se ha referido, a raíz de lo sucedido, a la posibilidad de una guerra abierta con Irán en Twitter, su red social favorita.
Espero, en verdad, que el conflicto no escale aún más, pues al final, son siempre los más pobres y desprotegidos quienes sufren las consecuencias de la guerra. Tengamos claro que no hay nada de romántico ni de entretenido en ella. El olvido y la falta de empatía le hacen mucho daño a las generaciones que toman a la ligera situaciones como esta, en las que, con la constante participación del imperialismo estadounidense, se ha moldeado la industria de la guerra y el rostro del dolor en el mundo entero.