¿Es viable el Presupuesto Base Cero?
El pasado 20 de marzo el Presidente anunció que para 2016 habría un cambio estructural en la metodología a seguir para la elaboración del Presupuesto de Egresos de la Federación, a partir de que la base será cero.
¿En qué consiste el Presupuesto Base Cero? ¿Es viable? ¿Cuáles son las oportunidades para reorientar el destartalado modelo económico del PRI y del PAN?
Hasta 2015 el presupuesto tenía como base el aprobado para el año anterior, a partir de lo cual se decidía incremento o recorte en gastos. Ahora la base sería partir de cero.
¿Es posible lograrlo para 2016?
No existen referencias internacionales respecto a su aplicación a nivel nacional; sin embargo, algunas decisiones tomadas por los gobiernos de ciertos países pueden considerarse acercamientos. En el caso de Grecia, como medida para hacer frente a la crisis económica se recortó el gasto en personal administrativo y se revisó la duplicidad de programas. En Brasil durante el gobierno de Lula se realizó una revisión integral de tabuladores de nómina y de la estructura administrativa del gobierno con la finalidad de ahorrar gastos superfluos.
Un Presupuesto Base Cero, con una visión diferente presentaría diversas ventajas como:
Reducir o eliminar gastos innecesarios sin afectar actividades prioritarias.
Priorizar los recursos presupuestarios para asegurar la seguridad y soberanía alimentaria, la educación y la salud.
Combatir la corrupción, y rendir cuentas y transparentar el uso de los recursos, entre otros.
Ahora bien, la realidad es que nos encontramos frente a un presupuesto que corresponde a compromisos del gobierno federal, de empresas productivas del estado, entidades de control directo, participaciones, adeudos de ejercicios anteriores y costos financieros.
Adicionalmente el Gasto Corriente representa el 76% del total del presupuesto y solo un 24% es de inversión. Los servicios personales y gastos de operación equivalen al 62% del gasto corriente. Sólo 71.12% del presupuesto puede ser sujeto a partir de Base Cero, es decir, calcular cuánto personal se necesita, lo cual no se antoja posible. Sólo el 24% del Presupuesto podría ser aplicable desde este momento a una presupuestación sobre base cero.
Sin embargo, es una gran oportunidad para que se incluyan todas las voces en la discusión y programación del Presupuesto; representa la posibilidad de la revisión real de la estructura administrativa en la búsqueda de un gobierno con principio de austeridad y permite que los destinos del gasto de verdad dependan de una constante revisión de beneficios.
Esto será posible si hay convicción y una nueva correlación de fuerzas, resultado de las elecciones legislativas de este año, que obliguen a un cambio sustancial a favor del país, de la mayoría nacional.
Estoy convencido de que, contrariamente a los que no quieren elecciones o a los que ven en las elecciones de 2015 un tiro de calentamiento rumbo a la buena que es la presidencial (léase AMLO‑Morena), o de los que piensan que con descalificaciones derrumbaron a su adversario político sin haber demostrado capacidad para resolver los problemas del país (PAN y PRI, cada uno a su manera), estas elecciones pueden ser un punto fundamental de definición de un nuevo rumbo para el país, con un claro signo de izquierda. Desde Michoacán y Guerrero como desde Sonora y San Luis Potosí, hasta San Lázaro. He ahí la oportunidad que tenemos para rediseñar al país “desde base cero”.