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Esos ojos que no ves 

Esos ojos que no ves 

PEDAZOS DE VIDA

Cada noche sentí su presencia, sabía que estaba aquí con nosotros aunque nadie más pudiera percatarse de su mirada, la pesadez con la que me hacía saber que estaba aquí era demasiada, tanto que a veces lo imaginaba en puntos específicos desde donde sentía que me veía, sabía si estaba sentado o de pie, si estaba en el umbral de la puerta o junto a la ventana sin que nadie pudiera notarlo. 

En el día todo era más llevadero, pero en la noche, saber que estaba sentada frente al escritorio mirándome por el espejo mientras yo acostado veía televisión, leía o hacía cualquier otra cosa, me provocaba repulsión. Sentir su mirada sobre mi cuerpo a veces me daba miedo, pero al final no se puede hacer nada contra quien a los ojos de los demás no existe. Así que terminaba por ignorarle. 

Realmente nunca vi su forma, nunca supe quién o qué era, pero su mirada la intuía. Sabía cuando andaba cerca, pero sabía más cuando estaba viéndome. Era inevitable dirigir la mirada hacia un punto específico mientras los invitados, extrañados por mi conducta, se preguntaban qué o a quién miraba creyendo quizá que estaba loca por señalar una mirada que ni ellos ni yo veíamos, pero que sentía tanto como la de ellos, los que sí estaban, los que sí existían… 

No. Estoy segura de que ya no está aquí, hace tiempo que he dejado de sentirle.  Hace tiempo que no tengo la sensación de tenerlo a mis espaldas, husmeando en mi celular o mirando cómo me baño. Hace tiempo que dejé de percibir y no sé si haya perdido ese sentido, aunque a veces sospecho que dejé de sentirlo la noche del accidente…