
PEDAZOS DE VIDA
El viento aquí pega con mayor fuerza, siempre es así, el aire deja de ser frío, creo que realmente nunca fue cálido pero aquí se siente gélido. La muerte se ha de sentir así, aunque quizá ni siquiera se sienta, y cuando regrese quizá ya no viva. A veces me pongo a pensar en que con todo este tiempo seguramente, si alguien me encontró pudo haber creído que estaba muerto. Quizá cuando regrese esté en una cama de hospital con alguien esperando que despierte.
¿No te ha pasado nunca que de pronto crees que estás vivo, pero vivo despierto, no aquí? A veces he pensado que voy a terminar quedándome aquí porque cada vez que vuelvo más tiempo tardo en regresar, y allá el tiempo se va como si en verdad viviera aquí y fuera de vez en cuando allá.
Nunca recuerdo el camino, mi memoria apenas alcanza para recordar que subo escalones, que subo tantos como si avanzara hacia la cima de una pirámide y cuando el viento comienza a soplar sé que estoy cerca, a veces no puedo avanzar, otras ocasiones llegó aquí y me siento a descansar. Allá, más arriba, hay una casa que parece el caso antiguo de una hacienda y de ahí no hay más.
Siempre subo, nunca he podido bajar la escalinata, sé que puedo avanzar pero jamás he podido regresar, por eso hoy me quedé aquí en este espacio, desde donde se puede mirar el horizonte, allá arriba solo se ven nubes y a veces dan muchas ganas de caminar entre ellas pero como te he dicho: una vez que avanzas no puedes moverte hacia otros lados.
He comenzado a creer que aquí vivo, y allá en verdad sueño. No sé cuántos días llevo acá, pero tengo la esperanza de que cuando regrese a mi cama donde mi cuerpo se quedó, todavía estaré ahí, sólo hay una cosa que me aterra en este momento, pensar que al regresar esté sepultado y no pueda salir del ataúd.