El sacerdote iraquí Zuhir Gaggui vio por última vez su casa el pasado 7 de agosto. Eran las cuatro de la madrugada y huía sin llevar consigo más que “un par de camisas” ante la inminente llegada a su ciudad, Karakosh, de milicianos del Estado Islámico (EI). Horas antes, una bomba caída en la medina anunciaba que los yihadistas se aproximaban a esta localidad, de unos 50.000 habitantes y mayoría cristiana, a 30 kilómetros de Mosul, que para entonces ya estaba en manos de los terroristas. Poco después del alba, Karakosh caía también bajo el control del autoproclamado califato.
La historia del padre Gaggui es la de cientos de miles de cristianos árabes, especialmente en Siria e Irak, obligados al exilio ante la situación política y el avance del yihadismo en Oriente Próximo, cuna de las primeras comunidades cristianas, que han visto reducido drásticamente su número.
Aunque las cifras son difíciles de precisar, en Siria se calcula que unos 450.000 cristianos han tenido que abandonar su hogar desde 2011. En Irak, el millón y medio aproximado de cristianos de los noventa se redujo a algo más de medio millón tras la invasión estadounidense en 2003, un número que ha vuelto a caer con la expansión del EI. También Líbano ha perdido parte de su comunidad cristiana, especialmente en su guerra civil (1975-1990). “Es ahora más numerosa en el extranjero que en Líbano”, confirma la lingüista libanesa Rita Hanna El Daher, durante su participación en las jornadas que Casa Árabe organizó la semana pasada sobre cristianos en Oriente Próximo. (Agencias)