FAMILIA POLÍTICA
La transición de un sistema democrático (aun cuando se encuentre lleno de defectos e imperfecciones) al totalitarismo, es riesgo permanente en una sociedad harta de los vicios que la propia democracia genera: corrupción, violencia, desempleo, desconfianza, miedo, inseguridad, odio por todos aquéllos que, abusando de sus posiciones de poder en el sector público o en el privado, amasan diariamente inmorales fortunas: adoradores del dinero como supremo Dios de su desviada existencia.
“El Estado soy yo”.
Luis XIV.
“El Fascismo no tiene estatutos ni reglas”.
Benito Mussolini.
“¡Al diablo con las instituciones”!
Ya sabes quién.
Los teóricos coinciden en caracterizar a los regímenes totalitarios como inspirados en “ideas políticas que consideran al Estado como poseedor del poder absoluto. Se identifican por eludir las normas básicas del Derecho y no permitir la separación de poderes. Los estados totalitarios llevan a cabo un control total de la población y de todas sus instituciones, mediante la propaganda y la policía”.
Se dice que para legitimarse, recurren a ciertos procedimientos propios del mando carismático, a saber: liderazgo único y centralizado, ritualismo, mesianismo y utopismo, entre otros.
La Historia es rica en ejemplos de este tipo de gobernantes; así, de bote pronto, se puede citar, en el viejo mundo, a Gengis kan, Alejandro El Magno, Calígula y más cerca de nuestro tiempo: Luis XIV “El Rey Sol”, Benito Mussolini, Adolfo Hitler, José Stalin y Francisco Franco.
En el nuevo continente, antes de la conquista, las tribus indígenas (básicamente los aztecas) se regían por sistemas teocráticos-militares; esto es, sus gobernantes, ejercían un poder absoluto, emanado directamente de los dioses e impuesto por la fuerza de los ejércitos.
La época colonial abarcó trescientos años de absolutismo español ejercido por los virreyes en nombre del lejano monarca omnipresente: un sistema de castas, privilegios, exclusiones, esclavitud disfrazada de encomienda, catolicismo sincrético, terror ante la Santa Inquisición… propiciaron el sangriento estallido que encabezó el cura Don Miguel Hidalgo y Costilla.
La historia reciente de Latinoamérica registra una serie de dictadores, dictadorcitos y dictadorcillos; algunos llegaron al poder por la vía democrática y otros gracias a sendos golpes de estado. Se pueden mencionar, con sus diferentes variantes y características: Porfirio Díaz, Leónidas Trujillo, Fidel Castro Ruz, Augusto Pinochet, Hugo Chávez…
Mario Vargas Llosa, extraordinario escritor y pésimo político, definió al México priísta como “La Dictadura Perfecta”. Esto quería decir que bajo la forma de un Estado de Derecho, respetuoso de las instituciones, se disfrazaba un Poder Absoluto que el Partido político en el poder, ejercía, por medio de los funcionarios formados en su seno e incrustados estratégicamente en los tres poderes.
Por cuestiones de espacio, solamente mencionaré algunas características fundamentales de lo que podríamos llamar: totalitarismo, absolutismo, poder dictatorial, etcétera:
• El Estado es dueño y señor de todo, el individuo vive para él. La iniciativa privada se persigue, se reduce a su mínima expresión caen la productividad y el crecimiento del país. La deuda pública crece.
• Veneración a un líder, que se erige como la personificación del Estado omnipotente, omnisciente, omnipresente (los que no piensen como yo, son traidores).
• Utilización de la propaganda por medio del control de los medios de comunicación (tradicionales y cibernéticos).
• Abolición de partidos políticos, sindicatos y todo tipo de organizaciones de la sociedad civil.
• Abolición (de facto) de los poderes Legislativo y Judicial. Se niega la máxima de Montesquieu: “Que el poder detenga al poder”.
• Marginación y luego aniquilación paulatina de ciertos sectores (críticos) de la sociedad.
• Control de la educación para garantizar, por indocrinamiento o ignorancia, la supervivencia del régimen.
La transición de un sistema democrático (aun cuando se encuentre lleno de defectos e imperfecciones) al totalitarismo, es riesgo permanente en una sociedad harta de los vicios que la propia democracia genera: corrupción, violencia, desempleo, desconfianza, miedo, inseguridad, odio por todos aquéllos que, abusando de sus posiciones de poder en el sector público o en el privado, amasan diariamente inmorales fortunas: adoradores del dinero como supremo Dios de su desviada existencia.
Mucha gente opina (no piensa) que ya no podríamos estar peor ¡Falso! Repito: el Pez no sabe que existe el agua, hasta que es pescado.
La eterna lucha entre los conceptos de libertad y autoridad se pone a prueba en cada elección. Las máscaras y las pieles de oveja siguen siendo disfraces que los lobos prefieren.
El populismo (de izquierda o de derecha) también puede ser camino al totalitarismo.
México está herido, pero no muerto. Un voto visceral puede ser la puñalada fatal.
Mayo, 2018.