PEDAZOS DE VIDA
Tener unos amigos que vienen del lejano país de China, para hacer una estancia escolar en la ciudad de los vientos, ya es algo raro para cualquiera. Y lograr una convivencia tan cercana, al grado de que te consideren parte de su familia, es toda una proeza. El gesto que hicieron dos de ellos, cuando se me ocurrió llevarlos a la cena de fin de año con la familia paterna y ver que en dicha celebración había más de 70 personas, fue inolvidable.
Allá en su país, las familias se fueron reduciendo, derivado de la ley que prohibió que las familias chinas pudieran tener más de un hijo, sin embargo no han sido estos detalles los que han luchado contra corriente para hacerme quedar mal, al tratar inútilmente de mostrarles la belleza del México lindo y querido, que versa en la canción popular.
En un primer acercamiento, ellos ya habían conocido, por otras fuentes, una frase en la que basaron todo el conocimiento e idiosincrasia del mexicano, y a través de esta me han mostrado que comenzaron a conocer la cultura de los tacos, la corrupción, y las contradicciones sociales que enarbolan la vida cotidiana del mexicano, y del país que siendo rico es tan pobre, pero eso sí, muy feliz.
La frase que tanto he mantenido en suspenso, y que es motivo de la reflexión que me hago cada día, y que hoy quiero compartir con ustedes, es la siguiente: “Estamos en México, y en México todo es posible”, desde la comida con grillos, insectos y demás animales, hasta presentar un examen en donde el profesor les dé las respuestas a los alumnos, luego de no haber ido a impartir clases durante días o bien llegar, checar e irse (toda la actitud del maestro barco de la universidad).
En verdad que vivir en México, viendo desde la mirada del extranjero, es una maravilla, es una selva de gente bien distinta en cada región, es un placer inmenso que se disfruta con los manjares que se pueden degustar en cada región, es caminar entre puentes y nadar entre ríos, es bailar en el antro y amanecerse en las fiestas para posterior, ir a comer un caldo caliente para curar la cruda.
La vida en México es un sueño, es surrealismo puro como el que señalaba Salvador Dalí, es una vida llena de sorpresas, de muertes que se cantan y se lloran con flores, de ofrendas a los muertos que celebramos los que tenemos vida. Vivir en México es una inmersión al sueño de sacarse la lotería, ser secuestrado, asaltado, robado, torturado, masacrado y seguir caminando por la vida, aferrados al sueño y quizá también a la pesadilla.
Pero es cierto, el mexicano no se da cuenta del mundo que habita, porque siempre ha sido su mundo, no hay extrañeza en comerse un arroz con leche, en aventar al festejado al pastel después de cantar las mañanitas y apagar la vela, tampoco es extraño ver como de un horno bajo tierra se saca la carne envuelta en pencas de maguey, ni el hecho de imaginar que en algunos años atrás, en los montones de piedras que ahora se denominan ruinas, habitaron nuestros ancestros, culturas tan avanzadas que son ejemplo para el mundo.
El haber podido forjar una amistad con los amigos de la legendaria China, me ha permitido verme desde otro punto, conocer más su cultura, pero sobre todo conocer mucho más la cultura mexicana, me ha permitido salir de mi cuerpo y abrir los ojos para verme desde otro punto, desde la perspectiva del dragón mexicano y del Quetzalcóatl chino. Después de todo no somos tan diferentes y en este sueño que se presenta en un lejano país para ellos y tan cercano para mí, “en México todo es posible”.