El Poder absoluto corrompe absolutamente”.
Lord Acton.
¿La omisión purifica?
PGH.
EL PODER DEL ESTADO.
(ENTRE LA OMISIÓN Y EL EXCESO)
Por conducto de Platón conocemos que Sócrates afirmaba: “es mejor sufrir una injusticia que cometerla”. Mateo, el evangelista, consignó que un lineamiento ético en Jesús de Nazareth prescribe: “Si alguien te hiere en una mejilla, ofrece la otra”.
Dos semejanzas descubro en ambos personajes: primera, ninguno de los dos escribió para la posteridad una sola línea; segunda, no fueron hombres de gobierno.
En la misma línea, es famosa la anécdota de Don Nicolás Bravo. Este gran ser humano, perdonó la vida a trescientos soldados realistas, sus prisioneros. Al conceder esa gracia desdeñó vengar la muerte de su propio padre.
Martin Luther King aconsejaba a la comunidad negra de los Estados Unidos: “Tened paciencia, algún día a nuestros agresores se les gastará la punta del zapato, entonces nuestra liberación estará próxima”.
Mahatma Gandhi hizo de la resistencia pacífica la mejor arma para que su espíritu nacionalista lograra la libertad de su patria.
Por contraste, Hitler, Mussolini, Franco y otros monstruos genocidas imprimieron con sangre sus nombres en la Historia Universal.
En el ámbito doméstico, el General Porfirio Díaz, injustamente satanizado en la historia de México (país al que amó y sirvió con rectitud). Por la edad y por el prolongado ejercicio de su poder absoluto, fue víctima de los lambiscones de tiempo completo. En su juventud luchó contra los franceses. Fue “El Héroe del dos de abril”; después se convirtió en “El Héroe de la Paz” (¿De los sepulcros?). En sus últimos años olvidó el lema de su Plan de la Noria: “Que ningún hombre pretenda perpetuarse en el Poder y ésta será la última Revolución”. Trascendió también el mensaje cifrado que dirigió a Mier y Terán: “Mátalos en caliente”, en referencia a los sublevados en favor de Sebastián Lerdo de Tejada, prisioneros en Veracruz.
Los terribles campos de Valle Nacional, en Oaxaca, prisión de disidentes; los indios yaquis que murieron por cientos en campos henequeneros de Yucatán, al servicio de la Casta Divina; la rebelión de los colgados y otras atrocidades que en su tiempo relataron John Kenneth Turner y B. Traven, respectivamente, fueron excesos que condimentaron el caldo de cultivo para la Revolución de 1910.
Don Adolfo López Mateos conserva en México y en buena parte del mundo su imagen de Presidente pacifista. Poco se recuerda el terrible ajusticiamiento del líder campesino Rubén Jaramillo y de toda su familia en Xochicalco, Estado de Morelos… ¿Exceso en el ejercicio del Poder? ¿Cumplimiento del deber?… Tal vez, pero no fue excesivamente permisivo.
En tiempos más recientes, fueron duramente sofocados los movimientos de profesores, bajo el liderazgo de Othón Salazar y de ferrocarrileros comandados por el célebre Demetrio Vallejo…
La influencia de los movimientos estudiantiles de París; el pensamiento existencialista de Jean Paul Sartré, Herbert Marcuse y otros a quienes el Presidente Díaz Ordaz se refirió en los siguientes términos, antes de los sucesos del dos de octubre de 1968: “¡Qué daño hacen los modernos filósofos de la destrucción, que están en contra de todo y en favor de nada!”.
Una riña estudiantil entre escuelas de la UNAM y del IPN, fuertemente reprimida por el cuerpo de granaderos del entonces D.F., desató un gran movimiento que crecía y crecía, hasta que en Tlatelolco se recuperó la paz… de los sepulcros. Díaz Ordaz, consciente de su papel histórico dijo, sin rubores: “¡Yo soy el único responsable!” Octavio Paz, renunció a su cargo como embajador de México en La India y escribió un célebre poema que termina: “Un pueblo avergonzado es león que se agazapa para saltar”. Años después Don Gustavo, investido como Embajador en España, en un acto de dignidad renunció ante los severos cuestionamientos que recibió allá y acá.
Los anteriores sucesos, vistos desde la perspectiva actual, transmiten la siguiente enseñanza: aunque los vencedores escriben la historia, ésta no siempre los glorifica. Los dos Díaz (Porfirio y Gustavo) están en ella con sendos estigmas de genocidas.
Tanto la acción cuanto la omisión tienen consecuencias históricas para los hombres de gobierno; pregunto: ¿Cuáles son peores?
La patria está por encima de las ambiciones de sus gobernantes, aunque éstas sean legítimas. Ante las agresiones e intentos desestabilizadores de grupos minoritarios, tanto de presión como de poder, debe imponerse el juramento constitucional de servir al pueblo soberano ¿Cuál es el camino? ¿La acción dentro de la Constitución? ¿La omisión, en aras de la concertación y el diálogo?
La fuerte presión que ahora se canaliza por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no proviene sólo de la “rica burguesía explotadora”. En este momento es el pueblo mismo: pequeños comerciantes, transportistas, prestadores de servicios, burócratas, artesanos, viajeros y población en general, quienes hacen oír sus voces en un grito colectivo: ¡Ya, basta!
Personalmente creo que el Poder del Estado posee la inteligencia y los medios para aplicar la estrategia correcta: ni omisiones ni excesos; aplicación de la Ley en el momento preciso.
Agosto del 2016.