HOMO POLITICUS
La camorra italiana despidió a Vittorio Casamonico “El Rey de Roma”, capo de la mafia que con toda pompa, carroza negra y caballos del mismo color, con pétalos al viento y la música de la película “El Padrino”, hizo derramar lágrimas y vítores de sus familiares, amigos y admiradores.
El suceso es escalofriante y evidencia que sociológicamente la empatía, el afecto, los compromisos y los negocios no están reñidos con la deshonestidad de una persona, más aun, la apología del crimen parece ser tan subyugante que atrae como moscas a la mierda a cualquiera.
El funeral transcurrió por calles principales de Roma, pese al “aparente disgusto de las autoridades y de la iglesia”. Vittorio Casamonico, iba ataviado de blanco y con un crucifijo en el pecho, no faltó el que advirtiera la semejanza con el Papa, cuestión que en algunos causó molestia y en otros evidenció este sentido cuasi- divino de los padrinos de la mafia.
Lo paradójico del caso, es que el funeral tuvo misa oficiada por un cura, que la iglesia fue adornada para este efecto e incluso, trascendió que capos y mafiosos de todo nivel asistieron al recinto eclesiástico que estaba cubierto de flores que se prodigaron al compás de las bendiciones eclesiásticas, cuestión que a nadie le causó estupor y mucho menos asco.
Todos hemos degustado la trilogía cinematográfica del Padrino Corleone, pero advertimos esta fascinación distante con el crimen y la estela de muerte que sin escrúpulos se genera en la cinta, lo paradójico de todo, es precisamente la fascinación que hoy generan las actividades delictivas en diversos grupos sociales que parecen no advertir la estela de corrupción y degradación de la vida humana que prima en los grupos delictivos, todo se reduce al glamour, a la riqueza y al sexo.
Este escenario advierte que es necesario agregar nuevos elementos de discusión social sobre las implicaciones que tiene la vida delincuencial, crear una contracultura a las parafernalias cinematográfica y sociales que han creado una apología del crimen, tratando de evidenciar que esto no es una opción social, pero comprendiendo que el Estado tampoco ha hecho lo suficiente para contrarrestar estas actividades y que en muchos casos son partícipes de ellas.
Muchos padrinos se ciernen en el mundo, quizá llegó la hora de desterrarlos.