
Isabel Martínez Pita | EFE-Reportajes
A través de los Reyes Magos conocemos la Estrella de Belén, siempre presente en la iconografía del nacimiento de Jesús de Nazaret. Hasta tal punto es imprescindible este astro brillante en la celebración de la Navidad que, la mayor parte de los creyentes que celebran estas fechas, considera imprescindible en el entorno navideño una estrella diseñada con 5 puntas o más, y que arrastra tras de ella una estela luminosa que se extiende tras su paso.
Pero lo que realmente representa, aunque sea temerario asegurarlo, es que esa estrella que nos han dejado por legado en nuestra imaginación es un cometa, como así lo han reflejado los grandes pintores al evocar el Nacimiento de Jesús y la Epifanía de los Reyes Magos.
Y, en ese contexto, se cree que un cometa fue la estrella de Belén, aunque los cientos de hipótesis que han elaborado la historia y la ciencia no han demostrado todavía su naturaleza.
LAS PRIMERAS REFERENCIAS A LA ESTRELLA DE BELÉN.
Fue entre los años 352-366, que se empezó a imponer como fecha de celebración de la Navidad la noche del día 24 al 25 de diciembre, periodo durante el cual distintas culturas del mundo entonces conocido y desde tiempos inmemoriales, celebraban una fiesta pagana en conmemoración del solsticio del invierno, cuando los días más oscuros progresivamente comienzan a ser más largos, la temperatura es más templada en pocas semanas, y el campo se prepara para dar sus frutos.
La Iglesia, en lugar de reprimir las fiestas paganas, decidió absorberlas y reconvertirlas y, a partir del año 380, la Navidad comenzó a celebrarse en esas mismas fechas, aunque los datos que aparecen en el Evangelio de San Mateo parecen indicar que el nacimiento de Jesús bien pudo haber sido entre los meses de marzo y abril. Además, es el mismo evangelista quien ofrece las primeras referencias a la Estrella de Belén.
En el caso de los Reyes Magos, las únicas citas que podemos extraer de la Biblia también están reflejadas en el mismo Evangelio de San Mateo (2. 1-3): “Cuando Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos diciendo ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el Oriente y venimos a adorarle”.

LOS REYES MAGOS, CONOCEDORES DEL LENGUAJE DEL CIELO
El término mago procede del griego, ‘magoi’. Un magoi significa matemático, astrónomo y astrólogo. En aquella época, la Astrología y la Astronomía se encontraban unidas, de manera que los designios humanos podían desentrañarse a través del conocimiento de las estrellas. Si atendemos a este significado del griego y a las citas del Evangelio de Mateo, los historiadores consideran a los Reyes Magos como conocedores del lenguaje del cielo.
El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220) afirmó que los magos debían ser Reyes que procederían de Oriente, opinión que se establecería en los siglos posteriores hasta permanecer en nuestros días.
Si los Reyes Magos hubieran sido persas, una estrella más o menos no sería motivo para alarmarles, pero siendo babilonios, conocedores de la Astronomía, no sólo se alarmarían si vieran un acontecimiento astronómico importante, sino que también se puede deducir que sabrían discernir entre algo común y cotidiano y algo verdaderamente destacable.
El teólogo cristiano Orígenes, nacido en Alejandría, comentó en el siglo III: “…yo creo que la estrella que apareció en Oriente era de una especie nueva y que no tenía nada en común con las estrellas que vemos en el firmamento o en las órbitas inferiores, sino que, más bien, estaba próxima a la naturaleza de los cometas”.
(…) “He aquí pruebas de mi opinión: se ha podido observar que en los grandes acontecimientos y en los grandes cambios que han ocurrido sobre la Tierra han aparecido astros de este tipo que presagiaban: revoluciones en el Imperio, guerras u otros accidentes capaces de trastornar al mundo”.
COMETA, SUPERNOVA, PLANETA…O FENÓMENO SOBRENATURAL
Sobre el origen de este objeto celeste luminoso se han apuntado teorías que señalaban al cometa Halley, pero hoy en día se ha podido comprobar que este cometa hizo su aparición por el año 12 a. C., y, además, existe la certeza que, pese a ser un objeto brillante, no hubiera superado en intensidad al resto de las estrellas. Aun así, no se descarta la aparición de algún otro cometa, a los que hacen referencia las antiguas crónicas de astronomía china, de las que se sirvieron los científicos a lo largo de la Historia para realizar sus comprobaciones.
El astrónomo alemán Johannes Kepler observó en 1604 una supernova que le asombró y sugirió que podría ser similar a la que se vio cuando el nacimiento de Jesús. Pero, una supernova o explosión de una estrella en los cielos, se configura como una estrella muy masiva que aumenta bruscamente su luminosidad, aunque, debido a la naturaleza misma de este fenómeno y su progresiva desaparición gaseosa en el firmamento parece descartarse definitivamente.