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El llamado

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El llamado

RELATOS DE VIDA

Su cuerpo pedía desesperadamente unos minutos de descanso, por lo menos, ya no respondía de la misma manera, la vista comenzaba a tornarse borrosa, las palabras revoloteaban sin encontrar un orden para poder ser pronunciadas, y la cabeza estaba en muchas partes y en ninguna a la vez.

Estaba despierto desde las cinco de la mañana, y a más de ocho horas en el ajetreo, el ritmo le impedía descansar, aunque sus párpados insistían en cerrarse, hasta tomar un suspiro que le diera más fuerza.

Pero sabía que tener un encuentro con morfeo, lo retrasaría en las actividades, así que tomó una bocanada de aire, exhaló fuertemente, y acto seguido, bebió un vaso con agua para despabilarse.

Continuó con la limpieza del departamento, acomodó libros, tiró basura, dobló y colgó la ropa, en un espacio de tiempo terminó tareas pendientes, se metió a bañar y vistió impecablemente, tomó la mochila en donde estaba la computadora y los apuntes para la presentación de su tesis y salió de la casa, deseando regresar con el grado de licenciado.

Pasaron alrededor de cinco horas, el arrastre de sus zapatos anunciaban la llegada al espacio que fue testigo de desvelos para investigar, analizar, integrar, redactar y estudiar, el cuadernillo como parte del protocolo de titulación.

Abrió la puerta con torpeza, revisó todo el lugar antes de entrar completamente con una ligera carga emocional ante la posibilidad de no poder seguir habitando, aventó la mochila en el sofá mientras cerraba la puerta que horas antes lo había visto salir con gran esperanza y emoción.

Caminó hacia el dormitorio y ya frente a la cama se tiró, comenzó a llorar de frustración, verdaderamente creyó que lo lograría, era el último paso para terminar la licenciatura, y sería un acto de agradecimiento hacia sus padres que en todo momento lo apoyaron, pero no fue así.

Lloró hasta cansarse y quedarse perdido en el sueño que previamente quería tener, de vez en vez su cuerpo soltaba un par de suspiros en señal al mundo de que estaba vivo; y en ratos escuchaba a lo lejos una voz que lo llamaba, pero no quería despertar, no quería despertar y darse cuenta que había fracasado.

Pero la voz cada vez era más cercana y le resultaba imposible seguir ignorando, aunque su cuerpo insistía en seguir postrado sobre la cama, hasta que un repentino jalón lo levantó, seguido de la frase: – “Ya levántate, te quedaste dormido, tienes una hora para arreglarte y llegar a tu titulación”.