
Sense8
Un lector de esta columna que vive en la parte sur de la ciudad eterna, me comenta que a tenor de las temáticas que venimos tocando, la situación en México no parece muy halagüeña. Pareciera que la sensación que damos es justamente esa, la de una realidad espesa y compleja. Sin olvidar que normalmente cualquier realidad excede a las palabras e incluso a las imágenes, vamos a hacer un ejercicio reflexivo diferente a raíz de una serie que cualquiera puede ver en Netflix. Seguramente el amable mentor mencionado no la habrá visto y, posiblemente, no la verá. Pero nos puede servir para pensar.
Esta serie de dos temporadas propone una temática distópica, como otras muchas de las que se pueden ver en diferentes plataformas. Versa sobre un grupo de ocho personas de diferentes partes del mundo, que tienen la capacidad de sentir todo lo que cada uno está viviendo. A través de esta conexión, aderezada con buena música, se va entretejiendo una trama de peligros en las vidas particulares y de intriga por el futuro del grupo, que solamente van a ser capaces de superar desde la unión de los integrantes y sus respectivos acompañantes. Compasión.
Detrás de la serie están las hermanas Wachowski, principalmente Lana. Ellas son las mentes de las tres partes de Matrix. Cuando rodaron esta última trilogía su sexo era varón, en la serie ya habían concluido su proceso y son mujeres trans. Los personajes presentan una variedad abundante de posibilidades de género: heterosexuales, homosexuales, bisexuales, poliamorosos, lesbianas. Es, por lo tanto, la serie un canto a la tolerancia. Personajes de todo el mundo, de todas las preferencias sexuales, luchando simplemente por llevar su vida en paz y con la intención de amar a quienes los aman sin clasificar ni juzgar a nadie. Tolerancia.
Cada uno de los personajes tiene su propio desarrollo. Sus vidas son independientes. No todos tienen una existencia ejemplar. Sin embargo, en los momentos de necesidad aparecen las manos que los ayudan a superar las adversidades por las que se están pasando. Al sentir como siente el otro, vivirse desde el otro y estar dispuesto a auxiliarlo sin juzgarlo, las diferencias se diluyen para integrar el grupo que actúa en beneficio común. Inclusión.
Compasión, tolerancia e inclusión pueden convertirse en palabras sustantivas para la construcción de cualquier sociedad que desee vivir en paz. El cambio de paradigma hacia el cuidado del otro en lugar de cuidarse del otro; de mirar por los ojos del otro y no actuar ejercitando el ojo por ojo; de aceptar al que en el momento necesita un apoyo, como un buen samaritano; de la heteronomía compasiva en lugar de la autonomía individualista hodierna, puede ser un camino de construcción de una nueva sociedad en la que queremos vivir.
Durante el siglo XX y en lo que llevamos del presente siglo, hemos tenido numerosas oportunidades, sumamente duras, para enmendar el rumbo de la sociedad en que vivimos. En muchos casos las hemos desaprovechado. En la actualidad la pandemia y la pospandemia, nos ofrece una nueva posibilidad. El retorno a la nueva normalidad corre el peligro de situarnos, como si de un punto de salida se tratara, en la misma condición como si no tuviéramos más caminos que elegir. En nuestra inteligencia y voluntad están los caminos para construir todos juntos una vida mejor. ¿Aprovecharemos la oportunidad?