
Sigue corriendo la sangre…
Esta semana, ya muy cercana a las elecciones del 6 de junio próximo, hemos estado asombrándonos con la numeralia de muertes y amenazas que se han dado durante la presente campaña electoral. La consultora Etellekt publicó el 5 de mayo pasado su Cuarto informe de violencia política en México 2021. Confirman los números, algo que ya conocíamos de otros procesos electorales, pero que en el presente se ha agudizado: la violencia como protagonista de las elecciones para los puestos de representación política popular.
Desde septiembre pasado, al menos 89 políticos han sido asesinados. El último de ellos fue el pasado 28 de mayo en Chiapas. El 75% de estos asesinados contendían por partidos políticos opositores a los gobiernos vigentes estatales. De los 35 aspirantes o candidatos asesinados, el 90% de ellos eran opositores a los alcaldes de los municipios que buscaban gobernar o representar. Estas estadísticas no son las únicas que pudieran añadirse, pero mejor remitirse al propio informe.
En diferentes momentos de esta columna hemos comentado y reflexionado sobre diferentes cifras de muertes en nuestro país. Muertos durante el año pasado, desaparecidos, asesinados por el crimen organizado, cuerpos en las fosas comunes, cadáveres en los SEMEFO nacionales… y sigue corriendo la sangre por nuestra tierra como si no tuviera importancia.
Ponemos en relevancia en el caso del presente informe, los dos porcentajes anotados más arriba. La proporción de políticos o candidatos asesinados que se oponían a las autoridades vigentes en los estados y municipios, pudieran estar reflejando de manera clara la interrelación entre integrantes del crimen organizado contratados como asesinos a sueldo por parte de los actores políticos que buscan eliminar a sus oponentes más cercanos.
Dos consideraciones a raíz de estas cifras. La primera de ellas corresponde a un matiz de suma importancia. Un alto porcentaje de esos asesinatos no alcanzan a concretar unos acusados que se aprendan, enjuicien y se condenen. La impunidad, que aqueja a muy buena parte de los delitos en México, mantiene los mismos porcentajes en estos casos. No hay motivo para que los asesinos teman por su seguridad.
La segunda de ellas, tiene que ver con una incógnita. ¿Qué proporción de la economía, qué porcentaje de los presidentes municipales, de los gobernadores de estados y de diputados en todos los ámbitos, son trabajadores a sueldo del crimen organizado en México? Este es un factor que no estamos acostumbrados a considerar hasta el momento. Empresas, efectivo, poder en los tres niveles están dependiendo del crimen organizado. Tras las elecciones no sabremos qué tan infectados estamos.
La mancha de aceite ponzoñosa del crimen organizado lleva años ya extendiéndose en la realidad social mexicana. Estamos mirando para otro lado, haciendo como que no nos damos cuenta. Como siempre, si no atendemos a la realidad llegará un momento en que esta se nos impondrá. Por cierto, el estado de Hidalgo aparece en la lista de la consultora Etellekt.