El Faro

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En la madre

Ayer lunes, fue el día de las madres. Tiempo sagrado para todo mexicano. Nadie puede olvidar esa fecha y hacer todo lo posible por celebrarla. El lenguaje común, para bien y para mal, recuerda el evento en todo momento. La polisemia de la palabra “madre” es increíble en el uso cotidiano. También en lo económico es un día fundamental. Durante todo el fin de semana los centros comerciales hirvieron con las compras y preocupaciones sobre qué regalos se iban a entregar. El mismo día 10, restaurantes y plazas son testigos de las notas alegres de los mariachis y de los “palomazos” de hijos emocionados por agradecer a sus madres. 

Todo son motivos de júbilo, pero quizá no tanto. La pandemia ha tenido la indiscreción de agudizar los factores débiles de nuestras sociedades. En el caso de México, y más en concreto en lo que se ocupa de la mujer, las circunstancias no han sido diferentes. Tanto el INEGI, como ONUMujeres, como el Instituto Nacional de las mujeres y la Comisión Nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, entre otros organismos, anunció en fechas recientes que las manifestaciones de violencia contra las mujeres se han incrementado. Sin llegar al dato concreto por cada uno de los rubros, los feminicidios, las desapariciones forzadas (el ultimísimo caso de Claudia Urruchurtu en Oaxaca), las agresiones de todo tipo, son realidades que las mujeres tienen muy presentes en todos los niveles de la sociedad mexicana actualmente.

Y yo me pregunto: ¿las desaparecidas, las asesinadas, las agredidas, no serán también madres? Si la respuesta fuera que sí lo son, se deriva una siguiente pregunta: ¿no habría que replantearse qué tipo real de festividad celebramos en el día de la madre? Las cifras nos asoman a una realidad muy oculta (muy poco porcentaje de mujeres que sufren estas consecuencias denuncian) y ocultadas (nuestro sistema es inoperante ante la inmensa mayoría de las denuncias que ´si alcanzan a ponerse).

Siento aguar un poco la fiesta, pero propongo celebrar el día de la madre a la luz del 8 de marzo. El periplo de preocupación por la vida de las mujeres, además de tener que extenderse a todo el año y a todas las dimensiones de la vida, podría extenderse desde el 8 de marzo al 10 de mayo. ¿Qué pasaría si todas las madres en su día reflexionaran sobre su realidad? ¿Qué pasaría si todos los hijos, esposos, compañeros varones pensáramos en que nuestras madres, hermanas, hijas pueden ser las víctimas que sufren estas formas de violencia sistémica? A lo mejor se reducirían las ganas de ir a comer a un restaurante.

Ya Octavio Paz advertía en su Laberinto de la Soledad, del peligro de enfrentar la presencia de la mujer en la vida mexicana desde una perspectiva esquizofrénica, como virgen pura (Virgen de Guadalupe) o como meretriz abierta y rajada (Malinche). Este modelo que se aplica a la historia como posible explicación, podemos estarlo reproduciendo en nuestros días en torno al día de la madre. Pensémoslo.