El Faro

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¿Qué haremos con la educación?

Durante la semana pasada, en varios medios de comunicación nacionales y locales, fue noticia la declaración de una asociación de escuelas particulares sobre el regreso a clases para este lunes primero de marzo. Anunciaron que pasara lo que pasara abrirían las escuelas para que los estudiantes estuvieran presencialmente ya en las aulas.

Básicamente se aducían dos razones esenciales: por un lado, la necesidad que los propios alumnos tenían de recuperar la relacionalidad social; por otro lado, la necesidad de que esas escuelas pudieran sobrevivir como negocios, que también son.

Algunas consideraciones podrían hacerse sobre este anuncio. Una de ellas puede ser que esa asociación no es la única que reúne diferentes escuelas particulares. Su anuncio pudo interpretarse como que era de todas las escuelas particulares, pero no es así. Otra consideración puede ser que en una situación como la que estamos, sería una especie de caos si cada uno tomara las decisiones que más le convienen individualmente. La última, por ejemplo, pudiera ser que, aunque no ha habido apoyo alguno a ninguna escuela por parte del gobierno y varias han tenido que cerrar, la primera finalidad de estas instituciones es cuidar a sus alumnos, profesores y administrativos.

Con estas consideraciones y todas las que se deseen hacer, podríamos concluir que no fue muy afortunada la declaración noticiosa de la que hablamos. Inmediatamente la Secretaría de Educación Pública (SEP) sacó su propia declaración como contrapartida. En su publicación, lo primero, y casi único que alcanza a decir, es que la SEP es quien da autorización a la escuela privada y que puede quitársela en cualquier momento. También del escrito de la SEP pueden decirse algunas cosas.

La primera, es que parece que no tiene otra forma de razonar que no sea desde la autoridad, con un peligro grave de ser autoritaria. La segunda, quizá, es que la SEP no ha compartido resultados profundos de la estrategia “Aprende en casa”. No sabemos si todo el desarrollo académico y personal del año 2020 ha sido satisfactorio para los alumnos o no. No ha dado razón de su tarea esencial. La tercera, es la que tiene que ver con la cantidad de alumnos que se han quedado sin escuela particular y quizá, tenga que insertarse en la pública que ya sufre de saturación por sí misma. Usted, seguro, puede ampliar el conjunto de comentarios.

Es pequeña la reacción de quien mira solamente por sí misma, pero es más pequeña la reacción de quien se debe a los ciudadanos y no es capaz de tener cuidado de la escuela privada, que es necesaria en nuestro país y que también hay que tener en cuenta. De la SEP pudieran apuntarse diversas limitaciones en tiempos normales y más en tiempos de pandemia. En lugar de esconderse en una autoridad que no le viene sino del acuerdo de los representantes de los ciudadanos y que usa con mucha alegría para atemorizar a las escuelas privadas, sería de esperar que fuera una auténtica catalizadora del crecimiento personal y académico de los alumnos; de la educación de una ciudadanía mucho más responsable y comprometida; y, por último, de la proyección de una sociedad mexicana con otros valores que nos ayuden a salir de la situación en que vivimos. Para todo esto, la SEP necesita de todas las escuelas, también de las privadas, aunque a veces no se muestren sumisas y obedientes.