Home Nuestra Palabra Miguel Rosales El ejemplo de la solidaridad…

El ejemplo de la solidaridad…

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Doscientos cinco años del inicio de la gesta heroica que a la postre nos llevó a nuestra Independencia; casi ciento cinco años años de la Revolución Mexicana, dos eventos trascendentes en la vida política y social de todos los mexicanos, dos fechas que deben invitarnos a reflexionar sobre las cosas que cada uno de nosotros hemos realizado para tener al País en las condiciones que ahora se encuentra, o mejor aún, analizar las cosas que estamos haciendo para construir el México que estoy seguro todos queremos.

 

 

Los que ya tenemos la fortuna de ser Padres y quizá abuelos, estoy convencido que en la mayoría de los casos nuestros pensamientos están encaminados a buscar la forma de heredarles un mundo mejor a nuestros descendientes, pero por lo general, ese “mundo mejor” lo concebimos en la forma de bienes materiales, en satisfactores que quizá nosotros no pudimos tener y que a través de nuestro esfuerzo quisiéramos que ellos gozaran de esos beneficios; nuestra intención en esa condiciones, es vernos reflejados en su felicidad.

 

Pero no todo lo que brilla es oro, nuestras buenas intenciones de Padres no necesariamente tienen que ser las mejores para nuestros hijos; ellos están armando su propio destino, empapados por la influencia de todo lo que les rodea, incluyendo el ejemplo que nosotros les damos, y es en ese hecho en donde se encuentra el germen de las controversias sociales, pues sin duda alguna, tenemos la costumbre de ver siempre la paja en el ojo ajeno, pero ¡nunca!, intentamos ver la viga que tenemos en nuestro propio ojo.

 

En la actualidad es más que evidente que la violencia ha ganado un enorme terreno dentro de la esfera social, los índices de criminalidad han subido como la espuma; y entre los ciudadanos de a pie, las reacciones y comentarios no se hacen esperar ante los cotidianos hechos delictivos, algunos con cierto aire de indiferencia solo expresan: “otro más a la cuenta”.

 

El hecho es que la violencia, por cotidiana que ha sido en estos últimos tiempos, nos ha hecho perder a muchos nuestra capacidad de asombro, y aunque en la mayoría de los casos tendemos a horrorizarnos por semejante atrocidad, la verdad es que al día siguiente nuestro ánimo se vuelve a relajar y continuamos con nuestro estilo de vida y conducta, tratando de predicar con “nuestro ejemplo”, que como dije anteriormente, no siempre resulta el mejor ni para la sociedad ni para nuestros hijos.

 

En un par de días estaremos celebrando, indebidamente, un año más de nuestra “independencia”, y digo indebidamente porque el día 15 no tiene ninguna relación con el inicio de la gesta heroica, en todo caso es el 16 de Septiembre; de cualquier forma, es bueno festejarla sin duda alguna; pero mucho mejor sería si a la par de gritar “Viva México”, también definiéramos lo que debemos hacer para que este nuestro México siga viviendo; en la actualidad ya no es suficiente ser únicamente “mexicano de 15 y 16 de Septiembre”, es menester que seamos mexicanos de tiempo completo, empezando desde nuestra casa, en nuestro trabajo y en la escuela.

 

Debemos empezar por revisar “nuestros ejemplos”, no esperar hasta Diciembre para analizar si cumplimos nuestras metas del año, en donde normalmente nos auto engañamos tratando siempre de justificar nuestra conducta y prometiendo que vamos a mejorar “para el próximo año”; cada día que nos amanece debe ser el inicio de una nueva etapa, cada día que termina, debe ser una oportunidad para analizar la manera del como usamos nuestros valores.

 

Debemos recuperar esa solidaridad que día a día exigimos para nosotros, pero que escatimamos para nuestros semejantes; no basta vestirse de blanco y decir que ya estamos hartos de la delincuencia, porque en realidad lo estamos; es necesario que ahora, pongamos nuestro granito de arena con conductas realmente dignas de ejemplo social, y no solo conductas que solo beneficien al reducido núcleo social que nos rodea aunque nuestros actos apabullen a algún estado de nuestra conciencia.

 

Resulta desesperante ver la displicencia de algunas personas que sin el menor recato se ponen a lavar sus rejas o el patio de su casa a “chorro abierto de agua”, mientras en otros lugares se están “ahogando” por la desesperación por no tener el vital líquido para satisfacer sus mínimas necesidades; resulta indignante la falta de consideración cuando algún “civilizado y consciente conductor” acelera su automóvil cuando transita por lugares encharcados con agua de lluvia, empapando a los transeúntes que tuvieron la desgracia de atravesarse en su camino; en efecto, yo también he sido víctima de esos patanes como seguramente el lector lo estará suponiendo, pero esa es otra historia y no la razón de mi veneno.

 

Más bien, es el hecho de que necesitamos con carácter de urgente reactivar nuestra conciencia social, que solo se mueve el día en que nosotros somos las víctimas y después volvemos al sueño de los justos; y mañana quizá nos volveremos a enojar si nos enteramos de la desgracia de un amigo, del compañero, o quizá de algún pariente; ¿y después?… seguimos lavando las rejas con chorro abierto de agua, … seguimos tirando la basura en cualquier parte, menos dentro del bote destinado para ello, … seguimos, cada mañana, con nuestro quizá equivocado ejemplo, enseñando a nuestros hijos que vayan por el camino del bien, cuando muchos de nosotros, desde hace años ya erramos el nuestro; por ello, revisemos y califiquemos nuestros actos diariamente, ese es el mejor ejemplo que como mexicanos debemos fomentar. ¿Viva México?, si, en nuestras manos está demostrarlo

 

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

 

 

Lic. Miguel:.Rosales:.Pérez:.