- Crecen las voces que en EU y Europa abogan por desplegar tropas terrestres en Irak
La provincia iraquí de Al Anbar evoca un traumático recuerdo entre los estadounidenses. Fue la tumba de cerca de 1.300 soldados entre 2004 y 2007, los años más duros de la insurgencia. Una década después, la conquista de Ramadi -la capital de Al Anbar- por el autodenominado Estado Islámico tras nueve meses de infructuosos ataques aéreos de la coalición internacional liderada por Washington ha desempolvado las llamadas que desde Occidente reclaman un nuevo despliegue de tropas terrestres en Irak.
Las últimas y controvertidas declaraciones del secretario de Defensa estadounidense Ashton Carter han alentado a quienes abogan por regresar al polvorín iraquí cuatro años después de que Barack Obama retirara a los últimos batallones. “Lo que sucedió aparentemente es que las fuerzas iraquíes no mostraron ninguna voluntad de luchar. (…) No les superaban en número. De hecho, eran ellos los que superaban con mucho a los atacantes. Eso me lleva a pensar que tenemos un problema con la voluntad de los iraquíes para luchar contra el IS y defenderse”, dijo Carter en una entrevista.
En los últimos días la prensa iraquí ha publicado extensos relatos de la humillante retirada que protagonizaron las fuerzas de seguridad facilitando que las huestes del califato se hicieran con Ramadi, a 100 kilómetros al oeste de Bagdad. “Dos días antes del ataque del IS teníamos información precisa de que la unidad de operaciones especiales [entrenada por EU durante la época de Nuri al Maliki como primer ministro] había empacado maletas y abandonado su base en Ramadi”, narró un comandante kurdo del ejército iraquí.
La arremetida yihadista, con decenas de kamikazes lanzándose sobre los últimos enclaves en manos del Gobierno, consumó la desbandada. “Un enemigo que puede preparar a 50 suicidas no es ninguna broma. No creo que los bombardeos ni los ataques del último año y medio hayan degradado la capacidad del IS. Más bien al contrario”, confesó el militar. Como sucedió el pasado junio en Mosul -la segunda ciudad de Irak-, los muyahidin capturaron en su avance el material dejado por los uniformados. Según el Pentágono, en Ramadi el IS ha logrado como botín media docena de tanques y un centenar de Humvees (todoterrenos). (Agencias)
La derrota de Bagdad en Al Anbar, provincia de mayoría suní donde el IS inició su ofensiva a principios de 2014, ha terminado alcanzando a la Administración demócrata, que ha destinado a unos 3.000 soldados a Irak para llevar a cabo tareas de formación de las tropas locales y las tribus suníes contrarias al grupo yihadista.
“Obama nunca ha tenido una buena estrategia contra el IS en Irak o Siria. Para tener éxito contra la insurgencia se necesitan tropas terrestres. En Irak se ha sobrestimado a las fuerzas de seguridad y en Siria al Ejército Libre sirio”, señala el analista estadounidense Max Abrahms, experto en seguridad y terrorismo. “Obama ha descartado de momento el envío de fuerzas pero eso podría cambiar si hay un ataque terrorista en suelo estadounidense. Los republicanos son más partidarios del despliegue”, recalca.
Un cambio táctico que abandera el senador republicano John McCain. “Necesitamos contar con una estrategia sólida. Necesitamos más tropas sobre el terreno”, apuntó recientemente. Otros compañeros de partido han secundado la llamada reclamando además la mejora de la inteligencia para afinar en los ataques aéreos que desde agosto efectúa la alianza internacional encabezada por EU. La petición también ha tenido eco en el viejo continente, donde varios generales británicos se han mostrado favorables al envío de soldados para frenar al IS. (Agencias)