Home Nuestra Palabra Miguel Ángel Serna El debate por la nación

El debate por la nación

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CONCIENCIA CIUDADANA

Hemos comentado en otras ocasiones que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador del año pasado fue una victoria electoral, pero no estructural; en el sentido de darle al nuevo gobierno el control del estado, en cuyas estructuras se encuentran los poderes, económicos, culturales y de la comunicación social, entre otros.
    Algunos dicen, con cierta razón, que la ciudadanía votó por López Obrador porque se encontraba harto del régimen pasado, pero no porque todos coincidieran con su forma de pensar o de ejercer la política y, antes bien, eran muchos los que no se imaginaban que ya en la presidencia, Andrés Manuel actuaría como hoy lo está haciendo y, por lo general, desearían que los males del pasado se resolvieran cuanto antes, ignorando las condiciones históricas en las que debe tomar sus decisiones.  
Quienes así piensan, califican en los peores términos que el Presidente cambie de opinión, que dé amplio juego a los legisladores de su partido y no detenga, como en el pasado, a chivos expiatorios que aplaquen la sed de venganza social contra los gobernantes corruptos del pasado.
Estas y otras inconformidades, han provocado que una fauna numerosa de expertos y opinólogos del antiguo régimen, aprovechen los medios de comunicación a su alcance -incluso las redes sociales donde AMLO ha tenido su mayor nicho de aceptación-,  para persuadir  a la opinión pública de la incapacidad del Jefe de la Nación  para seguir gobernando; embestida que ha alcanzado su nivel más alto con el mensaje denominado “Renuncia Amlo”, que según ellos mismos, alcanzó más de un millón y medio de visitas en tres días, convirtiéndose en tendencia mundial.
Esta embestida ha llegado a tal grado, que resulta necesario dejar en claro los motivos de esa campaña mediática proveniente de  los sectores  más reaccionarios destinadas a  arrinconar al gobierno de la Cuarta Transformación, nulificando el poder persuasivo del que goza en la sociedad, a fin de impedir que  pueda afectar a sus intereses y, por el contrario, recuperar los espacios de poder político que les permita actuar con mayor holgura de la que hoy cuentan,  con miras a derrotar a Morena y sus aliados en las elecciones de medio  sexenio. Ellos saben que su camino es cuesta arriba en este momento, pero por esa misma razón han iniciado su embestida desde ahora que cuentan con el tiempo y los recursos suficientes para lograr sus propósitos.
Porque al final de cuentas, digámoslo sin ningún rodeo, de lo que se trata es que la oligarquía reinante hasta diciembre de 2018 pueda recuperar el poder en el 2021 e impedir que los últimos tres años del sexenio actual puedan consolidarse las iniciativas de López Obrador, desacreditando sus iniciativas y soluciones y ridiculizando su persona.  
Es obvio que si se le buscan,  pueden encontrarse equívocos y aún errores graves en el actuar del presidente López Obrador, posibles de ser criticados sin cortapisa alguna por cualquier ciudadano de buena fe,  pues la libertad de expresión es connatural a la democracia , y no solo permite la crítica,  sino aún la exige y la promueve.
Pero con ser ese el propósito que sus críticos sistemáticos afirman defender, sus hechos los contradicen cuando ocultan, distorsionan y evitan analizar objetivamente su desempeño en el marco del contexto histórico y la estructura real de fuerzas actuales, en los que el Presidente toma sus decisiones.
Hemos de reconocer que en gran medida, los críticos radicales de la 4T han logrando avanzar en sus propósitos debido al desconcierto y la falta de decisión  que  les enfrente. Su interpretación de los hechos ha sido exitosa porque está logrando en cierta medida, que la opinión pública se enrede en vanas discusiones sobre las acciones del residente sacadas de contexto, y no a la situación y la dinámica de los acontecimientos, a su relación con las luchas del pasado y sus consecuencias; al papel que desempeñan cada una de las fuerzas sociales, económicas y culturales que debaten en torno a la lucha por el poder.
Pero si vemos la realidad desde una perspectiva contextual, histórica, los sucesos actuales cobran un sentido distinto a la interpretación reaccionaria.  Pero no solo éso. La interpretación histórica y crítica abre también la posibilidad de encontrar nuevas estrategias de acción que, como en el pasado, permitan a las fuerzas mayoritarias superar los desafíos que hoy enfrentan  el incipiente posicionamiento estratégico de la 4T con las fuerzas del statu quo, empeñadas en mantener la distribución del poder que les ha sido y les sigue siendo favorable.
Hemos señalado en otras ocasiones cómo es que la trayectoria de la historia nacional ha vuelto a recobrar su vigencia, mostrando la íntima relación entre el pasado y el presente,  siendo ese el camino por el que la Conciencia Ciudadana puede alcanzar una comprensión más clara de los acontecimientos y no dejarse envolver por las críticas tendenciosas y mal intencionadas, que un día señalan un  error o un tropiezo del Jefe del Ejecutivo  para señalar otro al siguiente, sin importarle en lo mínimo la explicación que pudiera hacérsele al anterior, pues lo que le interesa es el daño causado en el ánimo de la opinión pública, que de pronto se deja llevar por las motivaciones psicológicas antes que por la experiencia razonable.  
Una estrategia de interpretación histórica, permite a la Conciencia Ciudadana actuar en consecuencia con sus intereses y enfrentar las embestidas oligárquicas, cuyo éxito se basa en desmemoriar a la sociedad de los recuerdos de sus pasado,  interpretándolos como una ficción superada por la acción “positiva” del pensamiento capitalista salvaje, que hoy por hoy mantiene su dominio mundial.
No se trata, por supuesto, de una película de buenos contra malos, sino de una estructura construida a lo largo de la historia que aún hoy impone sobre la sociedad mexicana la maldición del vasallaje causando no solo con la injusta distribución de la riqueza material, sino además, con el dominio material, psicológico y social en los campos de la política, la cultura, la religión o la moral.
Ni el pasado oprobioso, ni las condiciones actuales, ni el dominio histórico de unos cuantos sobre el resto de los mexicanos son fatales, como  la propaganda conservadora tratando de convencernos, acusando a AMLO de ser igual a los gobernantes que le precedieron y que sus decisiones no son sino un gran engaño que, al final de cuentas, quedará tan evidenciado como lo fueron los de aquellos.
A diferencia de los “prácticos” y “realistas”, que piensan que todos los mexicanos somos por naturaleza corruptos e ignorantes, y que nunca cambiaremos para bien, Andrés Manuel – al igual que otros grandes mexicanos decididos a transformar nuestra realidad en un mundo mejor-, sostiene que todos los seres humanos cuentan con una capacidad intrínseca de cambio y de conversión, que permite mantener la esperanza  de alcanzar  una redención auténtica de la vida nacional, superando “la herencia maldita” del pasado que circularmente  invoca al enfrentamiento, el desorden y la desigualdad; y que  solo una mirada humanista permitirá superar a fin de que  la desigualdad, la confrontación  y la violencia que nos agobian queden superadas por el círculo virtuoso  de la reconciliación, la paz y la justicia.
 Hoy más que nunca se requiere que la parte de la nación que decidió dar el paso hacia el cambio el 2 de julio pasado, rompa con el círculo que le margina del debate por la nación, mientras las fuerzas de la reacción operan a sus anchas para impedir que se hagan efectivas las promesas de cambio que triunfaron en las urnas.
Y RECUERDEN QUE VIVOS SE LOS LLEVARON Y VIVOS LOS QUEREMOS, YA, CON NOSOTROS.