A Salvador Lazcano Mendoza le costó mucho trabajo para que los del Sindicato Minero lo metieran a la mina, Lo habían regresado 2 veces en el reconocimiento médico porque no daba el peso, que eran 50 kilos.
Tenía 16 años de edad, lo mandaron en contrato de la mina de San Juan Pachuca, con el barretero Pascual Jarillo y el encargado era “El Cavernario” le dio su bautizo y le pusieron “El Chavo”
Era un jovencito lleno de vida, muy trabajador, vivía con su mamá, en una vecindad de el barrio del Arbolito. Era la mascota del “Cavernario”, porque tenía sus momentos de muy pendejo. Un día le dijo Pascual Jarillo:
- ¡Llévale la burra al “Cavernario”, le dices que lleve los durmientes al despacho, apurate!
El muchacho se quedó muy pensativo y dijo en voz alta.
- Una burra dentro de la mina, ¿no se equivocaría? Se sentó un rato y al ver que no había nadie, llegó con el “Cavernario” y este le dijo:
- ¿Qué chingados pasó con la burra?
Le contestó:
- ¡Yo la busque y no vi ningún animal!
- ¡A ver vamos!
Llegaron al lugar y le dijo el encargado:
- Este carrito que está en la vía se le llama burra, se ocupa para llevar madera o cosas pesadas y se empuja.
- ¡Yo pensaba que era la compañera de un burro!
Al cavernario le dio mucha risa. Y le pegó con la mano abierta en la gorra.
- Vámonos, ya es tarde, diario que llegues, pregúntame lo que no sabes para que te dé el nombre.
Pasaron los días, las semanas, los meses y el “Cavernario” lo estima como a un hijo y lo consentía un poco, le decían:
- ¡Ya pon a trabajar a ese güey! Siquiera que cargue la herramienta. ¡Nada más se hace pendejo!
- ¡A ti que te importa! El me va a dar a su jefa, si me das a la tuya te traigo descansado!
- ¡Te voy a dar en la madre!
- ¡Eso es lo que te estoy pidiendo!
“El Chavo” muchas veces andaba triste. Cuando tenía momentos de descanso, se metía debajo de la alcancía dentro del túnel, sacaba un papel de su gorra, y se ponía a escribir, cuando se le acercaba algún compañero le decía:
- ¿Qué se te perdió?
Un día que empujaba la concha se le cayó un papel, que decía:
- “Celia mi amor, los meses que he dejado de mirarte, no me han pesado porque estás siempre en mi mente. Tu recuerdo me da mucho ánimo para seguir viviendo, te mando un beso enorme y un abrazo. Salvador”
Cuando se dio cuenta que había perdido su carta, la buscaba por todos lados. Al verlo, “El Cavernario” le preguntó:
- ¿Qué es lo que buscas?
- ¡Una carta! ¿No la has visto?
- ¡Ya la leímos todos los cuates! Con razón andas bien pendejo. A ver cuéntame lo que te pasa!
- ¡Yo tengo una mujer a quien adoro, nos conocimos en la escuela, su padre al saber que era minero, le prohibió verme. Ella se fugó de su casa, se fue a la mía. A los pocos días fueron sus padres, y sus hermanos, me dieron en la madre. Su padre la tiene muy bien vigilada y encerrada, solamente nos comunicamos por cartas. Por una rendija de su puerta se las recibo y le doy las mías.
- ¡Búscate otra vieja cabrón, y te ahorras problemas!
- ¡Eso no lo haría! Ella es mi primer y único amor!
- ¡Entonces chíngate por pendejo!
Pasaron los meses, al “Chavo” lo mandaron a jalar ruina, que es un lugar muy peligroso. Tiene una tarima de 3 metros de alto, con un agujero en el centro, sale la carga que viene de gran altura, entre gabarros y piedras grandes, se llena la concha quitándole las tablas.
Muchas veces la carga se queda encampanada y hay que subirse a destaparla. Le dijo “El Muerto”:
- ¡ Se quedó la carga atorada, hay que ponerle pólvora!
- ¡A ver, déjame ver!
La carga estaba a dos metros de altura, prensada, y de un momento a otro podría venirse abajo.
- ¡Trae un pico! Voy hacer escalones y subirme.
- ¡No te metas “Chavo”! Mejor ponle una fajilla.
Le metieron 10 cartuchos de dinamita tronó pero la carga no bajó y se puso más peligroso. Le dijo al “Muerto”:
- ¡Ven para que me eches aguas! Me voy a meter.
“El Chavo” comenzó a hacer escalones, subiéndose hasta donde estaba la carga, se bajó y le dijo:
- ¡La carga está atorada con una piedra grande, hazme una cazuela de barro con pólvora, se la voy a pegar en medio de la piedra!
“El Chavo” se persignó, subiéndose, sudaba a gotas, por el miedo sabía que de un momento a otro podría morir apachurrado. De pronto escuchó cuando la carga se abrió, se dejó caer, saliendo disparado, Se cayó de la tarima de cabeza, pegándose en la vía de donde pasan las conchas. “El Muerto” al verlo reaccionó y corrió a ver al “Cavernario”
- ¡”Cavernario”! ¡”Cavernario”! Ya se mató “El Chavo”.
Llegaron a donde estaba, rápido pidió una camilla, y se lo llevaron a la superficie, de ahí al hospital de la compañía Real del Monte y Pachuca, duró varios días en estado de coma, un día escuchó:
- ¡Aquí estoy mi amor! Nunca te dejaré:
Abrió los ojos y vio que Celia, el amor de su vida, cargaba a un recién nacido, le destapaba la cara para que lo viera.
- ¡Hoy, 15 de agosto, un día que nunca olvidaré! Cuando nos conocimos, mis padres al saber de tu accidente me mandaron contigo, y siempre estaré, nunca nos separaremos.
El Chavo, muy satisfecho sonrió y se durmió, a los pocos días se restableció y salió del hospital, se casaron, e hicieron una gran fiesta.