En la política nada es casualidad, la mayoría de los acontecimientos son producto de una meticulosa preparación, cada detalle se planea para que parezca que es espontaneo, casual; y cuando el acto previsto consigue el objetivo, si éste es nocivo, los organizadores se lavan las manos y se dan sus golpes de pecho jurando que ellos son inocentes y que fue “la gente” quien los ejerció de forma espontánea.
Los creadores del caos ponen su cara de “yo no fui”, y continúan en su lluvia de promesas tan intangibles e improbables como los dogmas de fe; el populismo es la sangre que corre por las venas del fanatismo, ese fanatismo que logra convertir a hombres en una simple masa amorfa de anti conocimiento; ese fanatismo que convierte al raciocinio en solo un recuerdo al que los anarquistas de la política siempre evadirán; el candidato sabe que el prometer no empobrece, pero sí logra engañar a los que creen ser seguidores de corazón; pero el corazón es ciego y por ello no alcanzan a ver el engaño en que los tienen.
Esa idolatría irracional al candidato con el que casualmente nos topamos en nuestro camino y que por comodidad ya adoptamos como nuestro, sistemáticamente usa el engaño para seguir embadurnándonos el atole con el dedo, y seguimos tragándolo, seguimos embarrando en la banqueta hasta la última gota de nuestra dignidad, olvidándonos que “la dignidad y los ideales no se venden”.
Los candidatos, en el buen manejo de las palabras al emitir sus promesas, expresarán ambigüedades para en su oportunidad poder zafarse en la farsa de la interpretación; crueldad es hacer creer a la gente que llegando al cargo pretendido, ahora sí cumplirá los compromisos.
Falaz es la promesa de hacer sentir a los jóvenes que con los nuevos gobiernos, “el ser adolescente en México será diferente”;
Y respecto de la mujer ya no vivimos en aquellas épocas en que la mujer vivía “cargada y arrinconada”; hoy hay miles de familias cuyo soporte es una mujer, su creatividad combinada con su fuerza, las ha colocado en un lugar de privilegio dentro de esa sociedad golpeada por los yerros de los últimos quince años, pero muchos candidatos “utilizarán” la imagen de la mujer como fuente inagotable de Tracción de votos.
Candidatos que escupirán para arriba y terminarán por ensuciarse con su propio escupitajo; se desgarran las vestiduras prometiendo que meterán a la cárcel a los corruptos “presuntamente” partícipes de actos delictivos, promesas que conllevan dosis dictatoriales envueltas en papel de “buena fe”; se olvidan de la división de poderes, y, que el determinar la responsabilidad penal corresponde al Poder Judicial y no al Ejecutivo; esa vuelta al pasado se ha vuelto más presente que nunca, el escupitajo está ensuciando a todos los Partidos Políticos.
Ahora la consigna es “péguenle al “independiente” “, que la gente vea todos sus vicios y enseñarle que los Partidos Políticos son la única salida viable; la única verdad evidenciada es el miedo de los propios Partidos Políticos al saber que pueden perder todas las prerrogativas que hoy día siguen recibiendo y que es prácticamente dinero tirado a la basura.
Los vividores ya empezaron con la polarización, es buena estrategia de ablandamiento, pero los daños colaterales son sumamente costosos; pero cuidado, una sociedad dividida es excelente banquete para las oligarquías, tanto para las que se van –sin duda alguna-, como para el que quiere llegar sin importar los enfrentamientos; las muchedumbres divididas son maleables a los intereses facticos, pero no sociales.
El pleito de los legítimos y los legitimados ha hundido al país en un desagradable retroceso; se han pasado muchos años en una lucha estéril, en una lucha de cantina en donde un grupo de beodos ha arrastrado a enfrentamientos de hermanos como los hemos visto en muchas partes de la República; no por defender ideas, lo cual sería honesto y totalmente justificable; lo lamentable es que esa lucha es para defender ambiciones personales o fraudes, enfrentamientos que solo han servido para llenar de odio y resentimiento a los fanáticos de esos tejedores del rencor; no olvidemos que la libertad es hacer lo que se debe, no lo que se quiere.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.
Miguel Rosales Pérez