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El Altiplano

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La construcción de penales de máxima seguridad tuvo como fin acabar con privilegios para internos con suficiente capacidad económica o influencia. El penal de El Altiplano, antes La Palma, en Almoloya de Juárez, Edo. de México, fue uno de los construidos ad hoc a un nuevo paradigma carcelario, cuya finalidad fue terminar con el autogobierno en los penales mexicanos. Comenzó a funcionar a principios de los noventa y originalmente fue dirigido por Juan Pablo de Tavira, uno de los principales promotores de este cambio en el sistema carcelario mexicano.

Se sostenía entonces que, en ciertos casos, la peligrosidad de los delincuentes hacía imposible su readaptación social. El concepto llevado a la práctica es simple: total control y cero privilegios.

“El autogobierno nace de la actitud benévola de las autoridades en los años setenta. Las autoridades piensan entonces que dando concesiones al interno mantienen la prisión en paz. Pero esto sólo contribuye a que los internos tengan una situación de privilegios… Pero cuando, a partir del año de 1985, empiezan a llegar los grandes capos del narcotráfico a la cárcel, empieza la lucha por el poder dentro de las prisiones, y las matanzas entre internos… surge la necesidad de crear prisiones de máxima seguridad.” (Revista Ibero, núm. 2: 10)

A pesar de los estrictos mecanismos de vigilancia, El Altiplano es la única prisión de máxima seguridad donde se han registrado homicidios con arma de fuego. Se trata de las muertes de dos personajes vinculados al narcotráfico, específicamente al Cártel de Sinaloa: Miguel Ángel Beltrán Lugo y Arturo Guzmán Loera. Ambos eventos ocurrieron en 2004, lo que sugiere que el autogobierno había llegado para quedarse. Si fue posible ingresar armas de fuego abastecidas, introducir alimentos, bebidas, aparatos de comunicación, etcétera, resultaba mero juego de niños. Con el tiempo, la costumbre se hace regla. Cambian únicamente las condiciones.

Habrá que ponerse en los zapatos del personal. No se piense sólo en dinero y corrupción, pues también puede tratarse de una estrategia de sobrevivencia. Recordemos que De Tavira fue amenazado de muerte al imponer férrea disciplina carcelaria. Ejecutado en tierras hidalguenses, su homicidio forma parte de las leyendas detrás de los grandes capos del narcotráfico en México.

Además, si hay un síndrome de Estocolmo entre secuestradores y secuestrado, ocurre lo mismo entre prisionero y carcelario. El protocolo indica que es necesario rolar al personal, pero nada dice de la cantidad de personal necesario para que el rol sea efectivo. Esto nos lleva a considerar el presupuesto asignado para cada penal y su capacidad instalada. Antes de la fuga de Joaquín Guzmán Loera, en El Altiplano había una sobrepoblación de 28 por ciento, lo que supone una importante debilidad.

Crónicas recientes afirman que en El Altiplano no hay manera de acallar el más mínimo ruido. Ocurre que las paredes oyen, pero siempre guardan celosamente sus secretos.