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El juego de Trump 

Por: Gerardo Vela

Cualquiera pensaría que las últimas semanas han sido desastrosas para Donald Trump. Entre su sugerencia pública, en plena en rueda de prensa, de que tomar cloro serviría para “desinfectarse” del coronavirus, lo cual increíblemente se reflejó en por lo menos treinta personas que acudieron a las salas de urgencias después de haberlo intentado, sumado a las protestas que han irrumpido en diversos estados de la Unión Americana de grupos que exigen la cancelación de las medidas de distanciamiento social ante la pandemia, pues su deseo no es permanecer aislados, sino continuar en las calles, pareciera en efecto que la tensión aumenta en el vecino país del norte.

Sin embargo, no creo que el presidente de los Estados Unidos esté experimentando una verdadera angustia. Partamos, primero que todo, de la sencilla premisa de que Trump es un terrible ser humano. Ególatra, megalómano, mitómano y obsesionado con la imagen y el poder. Estos calificativos, aunque duros, han sido evidenciados una y otra vez desde que tomó el poder allá por 2016. 

Luego, ante el inesperado retiro de Bernie Sanders de la competencia por la candidatura presidencial demócrata, Joe Biden -Vicepresidente en la administración de Barack Obama- se ha convertido prácticamente en competidor solitario contra Donald Trump. Esto, de suyo, otorga ventaja para Trump, pues la división al interior del Partido Demócrata es justamente el tipo de coyuntura de ha sabido aprovechar muy bien en el pasado. 

En cuanto a las protestas, Trump y su gobierno han mantenido una doble postura. Pues mientras la indicación oficial sigue siendo quedarse en casa y evitar las aglomeraciones, el mandatario norteamericano ha estado utilizando su Twitter para azuzar a sus simpatizantes, envalentonándoles e incluso señalando que hay Estados que deberían empezar a reducir gradualmente las medidas de contingencia. 

Y es que él entiende perfectamente que ese estadounidense bravucón, irracional y frívolo, que mediante pancartas y consignas reclama una supuesta limitación de sus libertades al no poder salir de casa a hacerse un corte de cabello o a recorrer las plazas comerciales, es precisamente el que conforma su base popular, es decir, su voto duro. 

A la par, ha sabido generar conflicto en la opinión pública, pues por un lado critica a los gobernadores de ciertos Estados, mientras hace hincapié en el rescate de la economía nacional. 

Entonces, Trump no está pensando en términos de salud pública, de hecho, dudo sinceramente que le preocupe el aspecto humano de la situación actual. La única lógica que a él le importa es la del proceso electoral. Y, sin lugar a dudas, está dispuesto a capitalizar la pandemia en su beneficio. 

De hecho, a pesar de la gravedad del contexto, no ha dudado en lanzar arengas disfrazadas de propuestas en materia migratoria, su gran tema, bandera de su plataforma electoral. 

Habrá que estar muy atentos los próximos meses, pues de momento todo indica que tendremos Donald Trump para rato. Específicamente, para cuatro años más. 

*Abogado y profesor del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @GerardoVela