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La Escuela Ática: Sócrates y la justicia

  • El famoso filósofo estableció una didáctica pedagógica para sus interacciones con el resto de los miembros de la polis, llamada mayéutica

Superada ya la crisis de los sofistas, quienes pusieron la retórica y la dialéctica al servicio del subjetivismo, alejándose del estudio de la fysis y acercándose en su lugar a reflexiones como la de Protágoras, personaje al que debemos la expresión “el hombre es la medida de todas las cosas”, apareció la escuela de Atenas y con ella las construcciones ideológicas de tres gigantes de la filosofía universal: Sócrates, Platón y Aristóteles. 

En esta ocasión, comenzaremos por Sócrates, a quien conocemos principalmente por los escritos de sus contemporáneos. Naturalmente, los “Diálogos de Platón” son una de las fuentes principales, aunque ciertamente no la única, para acercarnos al pensamiento socrático. 

Sócrates estableció una didáctica pedagógica para sus interacciones con el resto de los miembros de la polis, llamada mayéutica. Un método de preguntas y respuestas, que iba llevando al interlocutor para que encontrase por sí mismo a la verdad. 

Este método mayéutico tiene varias dimensiones interpretativas. Podemos entenderle, incluso, como una alegoría o simbolismo del “parto”, de tal suerte que la mayéutica es, por tanto, una forma de “dar a luz” a los “conceptos universales”. 

Werner Jaeger explica que: “En cambio, la personalidad humana de Sócrates se manifiesta fundamentalmente a través de su influjo sobre otros. Su órgano era la palabra hablada. Nunca plasmó por sí mismo esa palabra mediante la escritura, lo cual indica cuán importante, fundamental, era para él la relación de lo hablado con el ser viviente a quien en aquel momento dado se dirigía

Ahora bien, la noción de Sócrates sobre la justicia queda plenamente retratada en el diálogo del “Critón o el Deber”, en el cual Platón narra el encuentro entre Sócrates y uno de sus amigos, quien le ofrece una alternativa para huir de Atenas tras haber sido condenado arbitrariamente.

Antes, en el diálogo de la “Apología de Sócrates”, vemos como éste fue acusado de no creer en los dioses y pervertir a la juventud. Y a pesar de haberse defendido magistralmente, mediante el uso de la palabra, Sócrates es hallado culpable y condenado a muerte. El proceso, desde luego, había sido arreglado previamente. 

No obstante, Sócrates se niega a marcharse, pues “más vale sufrir una injusticia, que cometerla”. Desde su visión, un ciudadano debe obediencia a la polis, no ya por un capricho de colectividad intransigente, sino porque en efecto el ciudadano no se encuentra en una posición de igualdad respecto de aquella. 

Escapar habría representado, entonces, traicionar la ley de la polis y traicionarse a sí mismo como miembro de la misma. De ahí que ciertamente no fue la pretensión de Sócrates legitimar una sentencia injusta; lo que hizo, acaso, fue exaltar la importancia de la seguridad jurídica. 

*Abogado y profesor del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @GerardoVela