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El pensamiento presocrático: Segunda Parte

Otro aspecto que abarca la filosofía presocrática y sobre el cual, de hecho, esta se centra en gran medida, es la metafísica, el estudio del ser y de la kínesis, el movimiento. En la metafísica, es necesario distinguir el ser de los seres. El ser debe ser entendido como verbo o actuar, mientras que los seres son las personas y las cosas, también conocidas como entes. 

Heráclito, conocido como “el obscuro” por lo intrincado de sus escritos, argumenta que el mundo está inmerso en un devenir constante, todo cambia, todo fluye, panta rei.  La frase característica de la tesis de este filósofo señala que “Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”, pues tanto cambia el hombre como el propio río. Nada permanece en reposo. No obstante, Heráclito señala que más allá del mundo empírico existe una armonía oculta, un Logos Divino que es  un Logos Eterno. Comprender a este pensador implica reconocer la integralidad de su pensamiento, pues aunque en efecto visualiza un devenir constante en el mundo de lo fáctico, es cierto también que contempla la existencia de un orden que aunque no es evidente, está ahí y termina por ser más importante que la lucha constante de lo empírico. 

Parménides de Elea se contrapone tajantemente a la postura de Heráclito. Éste, dentro de su filosofía redactada mayoritariamente en versos, expone que el ser solamente tiene apariencia de movimiento, consecuencia de la opinión o doxa, pero en realidad, el ser es lo que es. Y además el ser es sólo uno, eterno e inmutable. Nada más que el propio ser podría existir para contener al ser, de manera que rechaza el movimiento, pues entendiendo que que el ser es único, no habría nada aparte del mismo donde se pudiese mover.

Al referirse a Heráclito, Raúl Gutiérrez Sáenz afirma que “La importancia de este autor está, sobre todo, en el contraste con Parménides. Mientras Heráclito insiste en el devenir, Parménides va a asentar con firmeza la tesis del ser único, inmutable y eterno.” Postura que no resulta completamente satisfactoria, pues plantea una especie de dependencia o subordinación del pensamiento de Heráclito hacia el de Parménides, mediante una visión parcial de la ya mencionada dualidad entre el mundo empírico y el Logos Eterno, establecida a profundidad en las ideas del primero de ellos. 

En cambio, hace bien Juan Pablo Pampillo en resaltar que es Heráclito quien por primera vez evidencia la tensión entre el derecho positivo, cambiante y propio de la transformación de lo empírico y el derecho natural, armonioso, único y ubicado como parte del Logos Eterno. 

Esto, además, lleva a la reflexión sobre dos de los grandes paradigmas epistemolígico-jurídicos universales, el iuspositivismo y el iusnaturalismo, cuyo contraste ha tenido también gran incidencia en el estudio y práctica del derecho en México. 

Finalmente, agradezco a quienes han estado siguiendo con curiosidad esta serie de columnas acerca de la idea griega del derecho aplicada al México actual. Vamos construyendo contexto sobre el pensamiento griego, así que en la próxima entrega hablaremos ya sobre la “Escuela de Atenas”. 

*Abogado y profesor del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @GerardoVela