La presidenta de Argentina es famosa por, entre otras razones, exhibir en sus apariciones públicas un variado abanico de joyas. A Cristina Fernández de Kirchner le encanta cuidar su imagen (física) y suele recordar que desde jovencita se pinta «como una puerta». Con los años, la fachada facial y el resto del cuerpo de la mujer más poderosa de Argentina se fue adornando con relojes de oro como su clásico Rolex, pendientes y anillos Cartier, bolsos LV y una larga lista de complementos y abalorios que han despertado la curiosidad de su ex ministra Graciela Ocaña.
Conocida familiarmente como «La Hormiguita», por su labor constante y minuciosa, Ocaña –actual legisladora opositora de la Ciudad de Buenos Aires– recopiló unas doscientas fotografías en los últimos cuatro años de la viuda de Néstor Kirchner, donde se aprecia una sustanciosa muestra de su patrimonio de pendientes de brillantes, collares, gargantillas y otras joyas. La legisladora acudió al juez federal Sergio Torres para que convoque a un tasador con el fin de establecer el valor de todas las piezas y comprobar si éstas fueron incluidas en su declaración jurada. La intervención de Torres se enmarca en una causa judicial iniciada el pasado diciembre, luego de que la revista «Noticias» publicara un amplio reportaje titulado «Las joyas de Cristina». Un empleado de la conocida joyería Jean-Pierre advirtió entonces que la presidenta se había surtido de dos millones y medio de euros, sólo en collares de perlas.
Sergio Hovaghimian declaró que la jefa del Estado pagaba en dólares y… en negro. El mes pasado Hovaghimian decidió marcharse a EU, luego de recibir un anónimo donde le advertían: «Vas a terminar como Nisman», en alusión al fiscal general que apareció muerto, en circunstancias sin esclarecer, después de acusar a la presidenta de complicidad terrorista con los prófugos del atentado a la mutual israelita AMIA. (Agencias)