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Discursos, pobreza y la agenda hacia 2030

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Ante la realidad presentada hace poco por el Coneval, que afirma —secretario ejecutivo Gonzalo Hernández Licona, dixit— que el 79.5% de la población mexicana vive en situación de pobreza, la ex secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, replica: “alcanzamos un 72.5% de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y pronto llegaremos a un 11.8% más, con lo que habremos cubierto 43 de los 51 ODM a los que México se comprometió en el año 2000”.

¿A quién creerle entonces?
Vamos por partes. Cuando los jefes de Estado de los 193 países de la ONU celebraron en Nueva York la adopción de la nueva agenda de desarrollo 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el optimismo fue bajo. Como explicación, cabe recordar lo difícil que ha sido para muchos países (incluido México) cumplir la Meta 1 de los ODM: Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Parte del desaliento surge por el hecho bien documentado de que la pobreza y la desigualdad en el mundo se han incrementado de manera sostenida durante los últimos quince años.
La situación en México es emblemática en ese sentido: según las cifras, los esfuerzos del gobierno para atender la pobreza parecieran medidas paliatorias tendientes a posponer los efectos de una crisis social mayor. La razón es que no hay voluntad política para ir a la raíz del problema —la estructura que favorece la expoliación de la riqueza hacia un sector reducido— y el Estado es sólo testigo y “gestor” de las causas de la desigualdad, que además defiende los intereses de una minoría en la cúspide.
De acuerdo con la línea internacional de pobreza (1.25 dólares de ingreso por persona al día), la pobreza extrema en México pasó de 9.3% en 1990 a 3.7% en 2015. En cuanto a la medición de niños menores de cinco años con hambre, ésta disminuyó de 10.8% a 2.8%. La Sedesol puede felicitarse por estos resultados, sin embargo surge una disonancia cuando el Coneval afirma que entre 2012 y 2014, la pobreza ha aumentado de 45.5 a 46.2% de la población. El diagnóstico gubernamental al respecto es que la cifra es reflejo del escaso crecimiento del país, el precio del petróleo, entre otros. En este sentido, esperemos que resultados modestos en los ODS no sean el pretexto que presente el gobierno para justificar su incapacidad para promover el bienestar social de la mayoría.