Pido la palabra
• La violencia se transmite y se asimila rápidamente, y quizá por ello pareciese que siempre estamos a la defensiva
Estamos llegando a un punto en donde tirar la piedra y esconder la mano se ha convertido en una forma de hacer política; un punto en donde el diálogo se ha vuelto la excepción y no la norma; el querer tener la razón, y si no se logra, entonces arrebatarla, esto último ya es un signo de nuestros tiempos.
La violencia se transmite y se asimila rápidamente, y quizá por ello pareciese que siempre estamos a la defensiva, ya que la percibimos a través de todos quienes nos rodean, desde el momento que asumimos que para ganar un espacio social tenemos que competir, y para ello, no dudamos en poner zancadilla a nuestros oponentes.
Eso es lo que pasando incluso en quienes nos representan, algunos de ellos destilan odio, pues no admiten que alguien distinto a ellos pueda tener la razón; y cuando deciden actuar en contra de quien ha osado contradecirlos, lo único que generan es más resentimiento; el odio produce odio, la violencia es productora de más violencia.
Los intolerantes no se pueden ocultar y los resentidos no se pueden controlar, ambos, tarde o temprano explotan destrosando a quienes los rodean, provocando más violencia y más resentimiento, el ojo por ojo y diente por diente es lo que ha dominado al mundo.
Ese es el origen de lo que en esta semana sucedió en el Paso, Texas; los discursos de odio del presidente norteamericano dieron en el blanco, solo faltaba que otro desquiciado tomara la iniciativa para cosechar el odio sembrado; no basta el lavatorio de manos para deslindarse de lo que se sembró.
Se siembra el odio en el momento en que se habla de los “bad hombres”; se cultiva la intolerancia cuando soltamos a los perros en contra de quienes no piensan igual que los que creen ser propietarios de la verdad absoluta.
No se puede alentar la violencia y después justificarla o deslindarse, como tampoco se debe dividir a un país entre pobres y ricos, culpando a los ricos por el simple hecho de serlo; no se debe enaltecer la libertad de expresión y después atacar a quienes hacen uso de ella.
Un país libre debe manifestarse con hechos y no solo con verborrea simuladora, arriba se ha sembrado el odio hacia los mexicanos; abajo vamos por el mismo rumbo, pero contra nosotros mismos; el rechazo genera heridas profundas; la xenofobia nos aplasta, la sumisión por ignorancia nos oprime y poco a poco lo dejamos salir motivados por el resentimiento sembrado, y, terminamos por convertirnos en el brazo ejecutor del sembrador.
No pido paz, no pido armonía; me conformo con un poco de tolerancia y reflexión antes de echar a andar la maquinaria que aplaste al que no piensa como el líder.
Un poco de humildad ayudaría a recordar que hay gente que simplemente imita lo que le enseñamos y que por ello, la responsabilidad también es nuestra.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.