TEMPORAL
La idea de un día internacional de la mujer surgió al final del siglo XIX, período marcado por la expansión industrial y la turbulencia política. También por la aparición de ideologías de cambio y transformación social, particularmente la lucha de clases y el freno a la explotación de la clase trabajadora, particularmente las mujeres.
En Estados Unidos se celebró por primera vez el 28 de febrero de 1909, con base en una declaración del Partido Socialista de ese país. En 1910 la Internacional Socialista propuso que adquiriera carácter internacional para conmemorar la huelga de las garment workers (trabajadoras de la confección) de los Estados Unidos. Propuesta que tuvo eco en distintos países europeos. Celebrándose por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.
Las demandas incluyeron el derecho de voto y de ocupar cargos públicos, así como el derecho al trabajo, la formación profesional y la no discriminación laboral. Por ello, el trágico incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York (25 de marzo de 1911), donde murieron 146 jóvenes trabajadoras, se constituye en hito para la celebración, debido a las deficientes condiciones laborales implicadas.
En 1917, el Día Internacional de la Mujer quedó fijado el 8 de marzo (23 de febrero del calendario juliano). Mujeres rusas se declararon en huelga en demanda de “pan y paz”. Movilización que precedió al derrocamiento del zar, y que derivó en la decisión del Gobierno provisional ruso de conceder el voto a las mujeres.
En 1975 la ONU comenzó a celebrar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. La conmemoración es también un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados en torno a las mujeres.
La industria del vestido, por muchas razones en el origen de la conmemoración, es ejemplo de los retos asociados con el empoderamiento femenino en el marco de la globalización. De hecho, más de un siglo después es posible observar que hay bajos salarios, flexibilidad laboral y condiciones de explotación. Las trabajadoras de la confección y textiles que trabajan por su cuenta o en la informalidad, se encuentran aisladas y prácticamente son invisibles. Además, están imposibilitadas para ejercer plenamente sus derechos.
Las empresas transnacionales pueden llevar sus capitales a las fronteras en busca de mano de obra más barata. Un buen ejemplo son las empresas maquiladores en Ciudad Juárez, que predominantemente contratan mano de obra femenina y se acompañan de efectos sociales adversos, tales como el aumento en la incidencia de violencia contra las mujeres. Las pequeñas empresas o trabajadores independientes, por su parte, deben competir en un entorno cada vez más adverso, limitando sus posibilidades de éxito.
Si consideramos la desigualdad de género preexistente, puede decirse que la globalización tiene un impacto mayor sobre la condición de la mujer. ¿Qué se conmemora entonces?