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Del viejo conmutador Ericsson, al digital; y del digital a la mensajería 

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Del viejo conmutador Ericsson, al digital; y del digital a la mensajería 

RETRATOS HABLADOS

Cuando pusimos en marcha el conmutador digital que sustituía al Ericsson análogo, todavía nos preguntábamos cómo era posible que el teléfono de oficina funcionara sobre internet, y que sin duda éramos testigos del futuro absoluto, con todo y que ya portábamos en el bolsillo del pantalón un celular, que en esos tiempos todavía cumplía función de servir para entablar una conversación como tarea principal.

Así que pasaron los años, 15 o 16 para ser exactos, y un día, de manera repentina, pero con el acicate de las finanzas cada vez más famélicas, nos dimos cuenta que casi nadie, o de plano nadie, usaba uno solo de los aparatos “Grandstream”, que en su momento fueron el último grito de la moda.

El móvil, celular, o como cada quien quiera llamarlo, acabó por imponerse, sobre todo la aplicación del WhatsApp, que es algo así como el soñado “todo en uno”, y que solo necesita conexión inalámbrica al internet para funcionar con mensajes escritos, grabados, hasta conversaciones con imagen y sonido, que con todo es lo menos utilizado, porque a muy pocos les gusta hablar mientras su contraparte los mira a los ojos.

Caímos en la cuenta de que el rimbombante conmutador, con un montón de foquitos verdes que se apagan y prenden todo el tiempo, había sido sustituido por una cajita de pantalla táctil, y que resultaba incluso una bendición, saber que, después de todo, tendría que correr la misma suerte que el de marca Ericsson, porque simplemente había perdido la batalla con la conexión de celular, que además solo necesita colgarse en el aire de la señal.

Encontrar un espacio para ahorrar dinero gratifica en estos tiempos nublados, de plano oscuro por las nubes negras, pero también convoca a la profunda reflexión en torno a todos los avances que nos ha tocado presenciar, y que dábamos por hecho no dejarían obsoletos aparatos que nos dejaban maravillados cuando los vimos por vez primera.

No es así, la tecnología es descarnada, y se come a sí misma, se devora para hacer basura lo que, hasta hace poco, jurábamos vería transcurrir nuestros últimos años.

Así que no acudo al taller, donde una rotativa Goss-Urbanite, se defiende como “gato panza arriba”, y todavía le da la pelea a lo digital, ese monstruo que consume por segundos todo, hasta la vida de los que habitan dentro de una pantalla que, estoy seguro, un día hará obsoletos a quienes la alimentan de información, de notas al por mayor, de fotos, videos, para empezar a exigir, en breve, su alma a cambio de nada.

Espero, sinceramente, que en el último adiós antes de trepar al último vagón del tren en la estación final, pueda escuchar la chicharra que anuncia la primera vuelta de los rodillos que fijarán imágenes y textos a la banda de papel, que pasará veloz como en los tiempos antiguos, los presentes, y espero los futuros.

Como quiera, resulta grato no seguir en el papel de oveja trasquilada por el negocio de un empresario que, espero no se entere, le mienta la madre a quienes se atreven a cuestionarlo.

Además que, en una de esas, recuperamos esa bonita costumbre de hablar a otra persona, mientras la miramos a los ojos. Haga de cuenta que como seres humanos.

Mil gracias, hasta mañana.

Mi Correo: jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico

X: @JavierEPeralta