HOMO POLITICUS
Como señaló Salvador Allende “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, la grandeza del pueblo no puede ser mancillada aunque se pretenda hacerlo.
Todo indica que el sistema está concebido para preservar el sistema y que sus inquilinos, que no son los dueños de casa, deben ajustarse a las reglas del mismo, las reglas son impuestas, -no hay consenso del pueblo en ello la más de las veces-, por lo que en apariencia donde manda capitán no gobierna marinero.
Pero la estructura orgánica del sistema cuando no es respetada por el sistema mismo y evidencia, que es sólo una parafernalia que esconde las verdaderas intenciones de quienes son los dueños de casa, puede fracturarse ante el manejo mismo del poder.
Nota al margen, científicos acaban de descubrir que muchas células cancerígenas se camuflan como células positivas al cuerpo, por lo que el sistema inmunológico no las detecta, – no es una metáfora de la clase política, pero viene como anillo al dedo-, por lo que intentaran crear un debelador de imagen que desenmascare a estas células para derrotarlas, extirpar el cáncer y por si fuera poco, derrotarlos. ¿Carmen Aristegui podría ser la insurgencia en un sistema cuyas células corrosivas se esconden para enfermar a los agentes positivos del mismo sistema?
Ante alfil empoderado, enroque propiciado. Carmen Aristegui ha lanzado un ultimátum a MVS, en definitiva o reculan o se las verán en un juicio, y así como la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha fijado una postura de autonomía y probidad, la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, parece que llegó la hora en que los agentes cancerígenos queden desenmascarados y puedan ser no sólo reconocidos sino también desterrados, clara, claro, esto tarda su tiempo, nadie su alivia de un cáncer de la noche a la mañana, es está más que probado.
Una batalla social está por librarse, es tiempo de sumarse al lado de quienes no quieren seguir en el marasmo, en la opacidad y desde luego, en los problemas de corrupción e impunidad que hemos vivido, la pregunta que subyace en el fondo es ¿la sociedad civil está dispuesta a dar esta batalla?, la respuesta hasta ahora es: No.