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Deconstrucción sociopolítica

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TEMPORAL

Estamos prácticamente en el arranque de lo que se desea sea ejemplar proceso  electoral. Menudo trabajo tendrá, por ende, el flamante Instituto Nacional Electoral (INE), que se estrena en una elección federal. Atrás quedaron las promesas de renovación efectiva de las contiendas por elegir diputadas(os) federales emanadas de la enésima reforma electoral. Esto en el marco de una trunca transición democrática.

 

            Ya hubo tiempo de planificar paso a paso cada una de las fases del proceso. Es la hora de la verdad en una ruta que se antoja plagada de retos. Sobre todo en entidades donde los que sobran son conflictos. Unos por la insatisfacción y movilización ciudadana. Otros por cuestiones de seguridad pública que ponen en riesgo al proceso mismo.

Para bien o para mal, la decisión que se tome en las urnas será la que orientara las directrices de la acción pública en los años que le faltan a la actual administración federal. Por tanto, cuando la decisión esté tomada no habrá espacio para lamentarse amargamente sobre lo que pudo ser y no fue.

Independientemente de nuestra filiación ideológica o partidista, en sentido contrario a quienes propugnan por los votos nulos, considero que lo mejor es sumarse al esfuerzo por venir. Es decir, promover la participación de quienes estando en edad de votar, pueden hacer la diferencia si finalmente deciden acudir en masa a las urnas. Manteniendo la distancia de partidos y candidatas(os), y observando con ojo crítico su desempeño previo –dime de dónde vienes y te diré a dónde vas- y durante el proceso electoral.

Creo firmemente que el paso necesario, ese que no hemos dado aún como sociedad, es actuar como ciudadanas(os) de tiempo completo. Participando y exigiendo, estando al tanto de lo realizado, de los temas pendientes de atención y reconociendo, en su caso, los logros obtenidos. La cuestión es harto simple: de seguir por el mismo camino, llegaremos al mismo lugar.

Y si bien una vez pasadas las elecciones, muy probablemente quienes resulten elegidos simplemente desaparecerán del mapa, olvidándose de sus votantes y presuntos representados. Esto ocurre, sobre todo porque las(os) ciudadanas(os) nos olvidamos de exigirles cuentas y resultados. Craso error cuando de lo que se trata es de modificar prácticas y costumbres arraigadas en nuestro sistema político. Donde las(os) mandatarios son mandantes y las(os) mandantes están maniatadas(os) en la práctica.

Cuestión de idiosincrasia o expresión del arte de la dominación. Pensemos por ejemplo en los elefantes de circo. Poderosos animales que desde pequeños estuvieron atados con una cadena a una estaca y con el tiempo dejaron de insistir en liberarse, aún teniendo la fuerza necesaria para hacerlo.

Así veo a la sociedad mexicana. Atada a una cadena que se niega a romper, siguiendo un camino ya recorrido. Dando vueltas en círculos y acudiendo a referentes similares. Por eso hace falta primero una deconstrucción sociopolítica.