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DE REALIDADES, SENSACIONES Y PERCEPCIONES

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DE REALIDADES, SENSACIONES Y PERCEPCIONES

Familia Política

No sé, amables amigos, si alguna vez hayan imaginado a un hombre primigenio con la angustia de que, una mañana, el sol no saliera; en la actualidad, eso no es posible; salvo que de un milagro se tratara. El conocimiento de las leyes naturales, hace que la gente mantenga en un mismo plano de verdad, sus sensaciones y sus percepciones, en torno a su realidad.

Pero, ¿cuántos siglos, la humanidad de los tiempos primitivos y medievales, vivió alejada de la verdad dentro de sus sensaciones piadosas, sus percepciones engañosas y su realidad a la medida? Los sentidos nos dicen que el sol sale por oriente y que su recorrido lo lleva a ocultarse en el occidente; de igual manera, percibimos que la tierra es inmóvil y es el astro rey quien le da la vuelta. Por cuestionar estas “verdades”, muchos cuerpos ardieron en las hogueras del Santo Oficio, se enfrentaron a la manipulada ira de las estructuras de poder o a la violencia de turbas vociferantes (Pico della Mirandola, Galileo Galilei y miles de “brujas” más).

Todo lo anterior está ligado al presente, ya que por la manipulación de las superestructuras sociales o por instalarnos en nuestra zona de confort, evitamos someter a análisis las “verdades” cotidianas, las cuales serían, en el mejor de los casos, simples opiniones sin fundamento metodológico o evaluación crítica. Así, por ejemplo, damos por hecho que vivimos bajo un gobierno que surgió de la mayoría, después de agotar legal y legítimamente los procedimientos para sustentar una auténtica democracia.

Bastaría con un somero análisis de las cifras electorales de los últimos tiempos, para darnos cuenta de que, como ya se dijo en estas páginas, nos gobierna la minoría más grande. La mayoría real no vota, ni gana, ni gobierna; es el abstencionismo.

Nos gusta vivir de ilusiones. El mundo disfrutó a plenitud los espectaculares actos escapistas de Houdini; las increíbles desapariciones de grandes objetos que lograba el mago David Copperfield;  nos asombramos cuando Franz Kafka nos dice, refiriéndose a Gregorio Samsa “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”… Evadirse de la realidad trae buenos efectos para la salud mental pero acostumbrarse a vivir lejos, nos puede llevar a creer, por comodidad, en realidades distorsionadas a la medida de nuestros deseos, nuestros intereses o nuestra incapacidad para cuestionar a los demás y a nosotros mismos.

En una coyuntura electoral, como la que vivimos actualmente, los medios de comunicación, las redes sociales, así como los más sofisticados instrumentos de manipulación al servicio de las poderosas fuerzas del sistema dominante, nos inducen a elaborar diagnósticos y a aceptar, de antemano, pronósticos en favor de tal o cual candidato o candidata, de acuerdo con las hipótesis más absurdas, por ejemplo: “Hidalgo no está preparado para que lo gobierne una mujer”, “El PRI está muerto y todos los priistas ya no tienen nada que hacer en el escenario electoral”, “La actual es una guerra de estructuras y colores, en donde un solo líder marca el camino y nadie puede obtener un triunfo por encima de su voluntad”, “No hay que votar por fulano (a), porque va a quitar las pensiones a los viejitos y a los jóvenes”, “Tal candidato o candidata es misógino (a), las mujeres no deben votar por él (ella)”, “La encuesta de tal empresa ubica a tal candidato (a), veinte puntos abajo”, “El candidato (a) es amigo (a) de los personajes más oscuros del Gobierno de la República”, “Todos son unos corruptos, no hay que votar”, “Hidalgo ya merece un cambio” “Quien quiera que sea el candidato (a) del partido en el poder, ganará sin esfuerzo”…

Así, podemos seguir en una interminable sucesión de tesis que se emiten de uno y otro lado, como si se tratara de verdades de observancia universal.

Es muy triste corroborar cómo la opinión pública, la voz colectiva que forma parte de un electorado que en unos meses estará decidiendo su propio futuro y el de las nuevas generaciones, sufre constantes ofensas a su inteligencia. Yo creo en la capacidad de análisis de los electores hidalguenses; tengo fe en que salgamos a terminar con la dictadura del abstencionismo desestructurado; a que se registre una votación como nunca la ha habido y que nuestro Estado camine en paz hacia un futuro mejor.

Aunque sé que hay muchas personas con conflictos de intereses (los partidos, los amigos, la familia, los medios, las redes, etcétera) creo que, al momento de votar, debe prevalecer el interés superior de Hidalgo, de México.

Finalmente, hasta este momento no hay nada para nadie; después de la elección, seguiremos viviendo aquí. No somos enemigos irreconciliables, sino hermanos con diferentes puntos de vista, que no deben lastimarse en lo sustancial. 

¿Un sueño? ¿Una utopía? Tal vez pero, es mejor que rumiar la amargura del pesimismo derrotista.