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Dar valor al medio ambiente, un primer paso para cuidarlo

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SABER PARA CONSTRUIR
De acuerdo con un estudio realizado por el Colegio de Posgraduados para un municipio en el Estado de México, para uso agrícola, el precio del agua varía de 0.03 hasta 5.7 pesos por metro cúbico, de acuerdo a la temporalidad y demanda.

En el estudio del medio ambiente a lo largo de estos últimos cinco años, me he dado cuenta que se trata de un fenómeno complejo, por la gran cantidad de variables, procesos, comportamientos estocásticos, etcétera.
En uno de los proyectos que estamos realizando a nivel nacional tenemos por objetivo realizar una valoración económica de los servicios ecosistémicos en México, lo cual, resulta controversial, especialmente para quienes creen que dicho trabajo se refiere simplemente al etiquetado de la naturaleza con precios.
Por el contrario, la valoración económica de la naturaleza no pretende ponerle precio a los bienes y servicios ambientales, sino ser una herramienta para la conservación de los mismos, mediante la internacionalización de externalidades positivas o negativas.
Al respecto Diego Azqueta menciona que una valoración económico ambiental cuenta con distintos tipos de valores, entre ellos, bienes ambientales inherentes, de legado, culturales, etcétera; es decir, la naturaleza y sus recursos por el solo hecho de existir ya poseen un valor.
Dentro de la biodiversidad, se sabe que aún existen especies, más en el caso marino, que no han sido descubiertas, o algunas que han sido descubiertas pero no se sabe para que puedan ser útiles o qué función cumplen en los ecosistemas; ese tipo de especies, aun cuando no se conoce su utilidad o su función, cuentan con un valor sólo por el hecho de existir, el gran problema, es saber qué valor otorgarle.
Por otra parte, para los economistas la asignación de valor tampoco ha sido tarea fácil, innumerables teorías económicas han surgido con el propósito de conocer cómo es que el ser humano le asigna valor a las cosas; para ello, se han propuesto conceptos como valor de uso, valor de cambio, además de las teorías del capital, de mercado, las funciones de producción, entre otras, las cuales tratan de simplificar y sistematizar en modelos económicos la forma en la que resolvemos nuestras necesidades cotidianas.
No obstante, la teoría del valor también sufre diversas debilidades, la conversión del valor en precio, no se encuentra terminada, ni concluida; por el contrario se abren mayores brechas con el desarrollo de otras teorías que van integrando aspectos como en este caso a los recursos naturales y el medio ambiente a la fórmula económica.
Pero para no desviarnos del tema que es la valoración ambiental, decíamos que esta es sólo una herramienta que debe ser útil para la conservación. Pongo como ejemplo, la valoración económica del agua, la cual se obtiene mediante el cálculo de sus costos de manejo (purificación, distribución, almacenamiento), de acuerdo con un estudio realizado por el Colegio de Posgraduados para un municipio en el Estado de México, para uso agrícola, el precio del agua varía de 0.03 hasta 5.7 pesos por metro cúbico, de acuerdo a la temporalidad y demanda.
Por otro lado el valor económico ambiental del agua es un cálculo mucho más complejo, involucra calcular parámetros del ciclo del agua, por lo menos mediante la tasa de recarga de los mantos acuíferos, la cual a su vez requiere conocer los sistemas hidrológicos, las cuencas, la disponibilidad de agua superficial y subterránea, el consumo, la cubierta forestal, entre otros.
Algunos investigadores que han realizado cálculos con otros métodos, rebasan los 80 mil pesos por un metro cúbico y otras llegan a cantidades estratosféricas de millones de pesos por metro cúbico.
Volviendo al mismo punto del objetivo de la valoración económico ambiental, el valor ambiental más preciso, desde mi punto de vista, será aquel que permita manejar de manera sustentable el recurso. Analizando esta información, si se opta por el valor de millones de pesos por metro cúbico, la política restringiría excesivamente la distribución del agua, de igual forma si se opta por los 80 mil pesos (casos hipotético) seguiría siendo demasiado costoso para algunos sectores de la población.
No obstante, también debemos reconocer que el ejercicio de valoración del agua nos ayuda a valorarla (sentido de conservación). En el caso de nuestro país, el agua sigue siendo un tema político, además que resulta demasiado difícil convencer a la población por el costo real del agua, este también es un fenómeno que debe estudiar la valoración, no sólo asignar cantidades o números, sino investigar cómo o por qué es que las personas le damos valor a las cosas.
Dentro de la política pública es difícil entender por qué si un recurso tan indispensable como el agua está siendo cada vez más escaso, no se realizan cambios más firmes. De igual forma analizar el comportamiento de los consumidores es muy complejo, desde conocer los distintos usos del agua, conocer a los usuarios, las temporadas de mayor consumo, etcétera.
Para que una valoración sea efectiva no solo depende de realizar los cálculos más precisos, sino compartir y difundir la información sobre el estado de los recursos, a fin de que la población se comprometa y participe.
Por su parte, los organismos operadores del agua, los gobiernos municipales, estatales y federales, también deben proporcionar a los usuarios las herramientas para colaborar en la conservación del agua. Otro aspecto importante, es que en México, el precio del agua se encuentra subsidiado, es decir pagamos sólo una parte de los costos de distribución, aún así, tampoco pagamos a los que verdaderamente son quienes captan o proveen el agua, que son los bosques.
En nuestro país, cerca del 60 por ciento de los bosques se encuentran en manos de comunidades y ejidos, los cuales podrían mejorar la condición de los bosques si se les pagará por la captura de agua y conservación del suelo. Así mismo, tampoco se tiene conciencia de quienes contaminan o contaminamos el agua, en especial con el manejo de residuos peligrosos liberados al ambiente y que son altamente contaminantes; por ejemplo, los tiraderos a cielo abierto, los hospitales, los talleres mecánicos, los agroquímicos, las industrias mineras, entre muchos otros.
En resumen, la valoración ambiental no es como comentábamos y puede notar el lector, que ante todo debe ser un instrumento capaz de manejar de manera responsable los recursos y conservar el medio ambiente, yendo más allá del simple sistema de mercado.
*INVESTIGADOR DE EL COLEGIO DE HIDALGO