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DANTE ALIGHIERI

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DANTE ALIGHIERI

FAMILIA POLÍTICA 

Dentro de las obras de la literatura clásica, pocas despiertan tanta polémica como La Comedia, cuyo autor es el poeta que ha dado renombre a la eterna Florencia, de la cual, hasta en la actualidad se dice que “Toda la ciudad en un museo”. 

Comienza el bellísimo poema con un soliloquio quien: “En medio del camino de la vida, me encontraba perdido en una selva oscura”. Aún en nuestro tiempo, todas las versiones de La Comedia están nutridas de abundantes notas de pie de página que pretenden explicar el profundo y antiquísimo lenguaje de su autor; así, para decir que tenía alrededor de treinta y tres años, expresaba hallarse “En medio del camino de la vida”. Tiempo después, Giovanni Boccaccio le adjudicó el adjetivo inmortal de “Divina”.

El escritor describe su encuentro con tres impresionantes fieras: una pantera, una loba y un león. Según los intérpretes del complicado simbolismo, la pantera es la lujuria, la loba, la codicia y el león la soberbia. Estas tres características formaban parte de la sociedad florentina descrita por Dante, bajo la siguiente estructura.

El poema se ordena en función del simbolismo del número tres, que evoca la Santísima Trinidad: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo; el equilibrio, la estabilidad y el triángulo, las tres proposiciones que componen el silogismo, lo que se sumaba al cuatro, número que representaba los elementos: tierra, aire, fuego y agua, dando como resultado el número siete, como siete son los pecados capitales. Finalmente, el Infierno se divide en nueve círculos, el Purgatorio en siete y el Paraíso queda formado por nueve esferas que giran como los planetas en torno al Sol.

Toda la obra está llena de alegorías que remiten al conocimiento y al pensamiento medievales: religión, astronomía, filosofía, matemáticas, óptica… que se encarnan en personajes, lugares y acciones.

El protagonista, Dante, personifica a la humanidad y con ella la tentación del pecado. Luego aparecen dos personajes secundarios: Beatriz es la Fe, que lo conduce por cada uno de los círculos del paraíso, hasta el Empíreo (cielo), espacio inmóvil donde contempla la Rosa Mística formada por Dios y sus elegidos. Virgilio, hace otro tanto con la razón.

El Paraíso representa el saber y la ciencia divinas. El Infierno al ser humano frente a sus pecados y sus funestas consecuencias. El Purgatorio, la lenta expiación de culpas hasta la liberación. El autor narra con extraordinario realismo un maravilloso viaje durante el cual se encuentra con las almas de grandes y terribles personajes de la historia y de la mitología; es un canto a la humanidad que, sólo con la fe en Dios, encuentra su felicidad.

En el infierno, los poetas se ubican junto con quienes están sometidos a castigo, según la gravedad de sus pecados. En la puerta se lee: “Por mí se llega a la ciudad del llanto. Por mí se llega a la ciudad del dolor. Oh, vosotros, los que entráis ¡Abandonad toda esperanza!”.

El primer círculo infernal corresponde al Limbo, donde están las almas que fueron buenas, pero desconocen el mensaje de Jesucristo, porque nacieron antes que él. 

El protagonista encuentra en el infierno a muchos personajes antiguos, pero también de su época: algunos enemigos o que colaboraron en su destierro; cada uno narra su historia a cambio de que el florentino prometa mantener vivo su recuerdo en el mundo; cada castigo se ajusta a la naturaleza de su falta. Es impresionante el tránsito por el bosque de los suicidas; la travesía del desierto donde llueve el fuego, ahí Dante se encuentra a su maestro Brunetto Latini; también está la llanura de hielo de los traidores, estos últimos considerados los peores pecadores entre todos; están sumergidos en hielo y al llorar, sus lágrimas les cortan los ojos. Se describe a Lucifer como un demonio de tres cabezas, dentro de cuya boca principal está Judas Iscariote, a quien el demonio muerde con sus filosos colmillos, mientras éste grita de dolor. Con las otras bocas muerde a los asesinos de Julio CésarMarco Junio Bruto y Casio.

Dante y Virgilio, agarrados al pelaje de Lucifer descienden. De repente suben porque pasaron el centro de la Tierra y se encaminan a las antípodas. Ahí, vuelven a ver las estrellas.

En esta segunda parte atraviesan el Purgatorio: una montaña de cumbre plana y laderas escalonadas y redondas, simétricamente al infierno. En cada escalón se redime un pecado, pero los que allí habitan están contentos porque poseen esperanza y saben que su pena es finita y acabará algún día. 

En el Ante-purgatorio está el grupo de los negligentes, muertos en estado de excomunión, junto a los que por pereza tardaron en arrepentirse, los muertos violentamente y los negligentes. De hecho, esperan el tiempo de purificación necesario para acceder al Purgatorio. Éste se divide en siete cornisas, donde las almas expían sus pecados para purificarse antes de entrar al Paraíso. En la primera, Dante y Virgilio encuentran a los orgullosos, en la segunda a los envidiosos, en la tercera a los iracundos, en la cuarta a los perezosos, en la quinta a los avaros y a los pródigos. En la sexta expían sus culpas los golosos, que lucen delgadísimos, y en la séptima se encuentran los lujuriosos, envueltos en llamas. Dante se muestra asustado y es confortado por Virgilio. Ambos tienen que despedirse, porque el poeta latino no es digno de conducirlo en el Paraíso.

Libre de todo pecado, Dante puede ascender al Paraíso, lo que hace junto a Beatriz. Ella releva a Virgilio en la función de guía. En esta sección de La Comedia, el autor expone en treinta y tres cantos, razonamientos teológicos y filosóficos.

El Paraíso está compuesto por nueve círculos concéntricos, en cuyo centro se encuentra la Tierra. En cada uno de estos cielos se encuentra cada uno de los planetas. Están también los beatos más cercanos a Dios. Las almas del Paraíso no están mejor unas que otras y ninguna desea encontrarse en mejores condiciones que las que le corresponden, pues la caridad no permite desear más de lo que se tiene. A cada alma al nacer, Dios le da cierta cantidad de gracia, en función de la cual gozan diferentes grados de beatitud.

Después de que en el recorrido encuentran a personajes de diferentes épocas y distintas naturalezas, Beatriz eleva a Dante hasta el cielo de las estrellas fijas, donde están los beatos y las almas triunfantes que cantan en honor a Cristo y María. Además, el poeta observa al mundo debajo de sí: los siete planetas, sus movimientos y la Tierra, muy pequeña e insignificante en comparación con la grandeza de Dios. Antes de continuar, Dante debe sostener una especie de examen en relación con las tres virtudes teologalesFeEsperanza y Caridad, por parte de tres profesores particulares: San PedroSantiago y San Juan. Después de un último vistazo al planeta, Dante y Beatriz ascienden al cielo más externo, origen del movimiento y del tiempo universal.

En este lugar, tras levantar la mirada, Dante ve un punto muy luminoso rodeado por nueve círculos de fuego, girando alrededor de ella; el punto, explica Beatriz, es Dios, y a su alrededor se mueven los nueve coros angelicales, divididos por cantidad de virtud que tienen. Superado el último cielo, los dos ascienden al Empíreo, donde se encuentra la Rosa Mística, estructura en forma de anfiteatro, en el cual, sobre la grada más alta está la Virgen María. Aquí, en la inmensa multitud de los beatos, están los más grandes de los santos y las figuras más importantes de la Biblia, como San AgustínSan Benito de NursiaSan Francisco, y también EvaRaquelSara y Rebeca. Cada alma es un pétalo de esa rosa.

Desde aquí Dante observa finalmente la luz de Dios, gracias a la intervención de María, a la cual San Bernardo (guía de Dante de la última parte del viaje), había pedido ayuda para que pudiese ver a Dios y sostener la visión de lo divino, penetrándola con la mirada hasta que se une con Él, viendo así la perfecta unión de toda la realidad, la explicación de toda la grandeza. En el punto más central, Dante ve una gran luz y tres círculos (la Santísima Trinidad). Cuando trata de penetrar aún más el misterio, su intelecto flaquea, pero su alma es tomada por la iluminación. En el último momento, Dante se encuentra cegado por la intensísima luz y cae de rodillas llorando. Así, el poeta cede ante la omnipotencia del Dómine medieval, no puede verlo de frente. Con esta actitud privó a sus lectores de que, por sus ojos, podamos contemplar al Dios del medievo y de todos los tiempos.