RELATOS DE VIDA
“Debes dormir, porque si no haces caso, la bruja te llevará”, sentenciaba Doña Luisa a sus nietos Manuel, Angélica, Paco y Ana, una vez llegada la noche, como un preámbulo y estrategia para que la hora de caer en los brazos de morfeo fuera lo más temprano posible.
La faena era difícil, sobre todo porque las visitas solo eran cada quince días, así que a pesar de la experiencia de haber criado y educado a siete hijos, la falta de práctica y la labor diaria en el hogar, aunque las risas de los pequeños y el sonido de pisadas en los pasillos, la alegraban y relajaban.
Los pequeños gozaban de la visita, aunque la hora de ir a la cama era toda una experiencia, la casa de los abuelos era muy antigua y en diversas ocasiones escuchaban ruidos extraños cuando la luz se apagaba, sin contar que en la ventana se reflejaban sombras derivado del movimiento de las ramas de un árbol enorme que sobrevivió a muchas décadas.
Así que estos reflejos eran la inspiración de Doña Luisa para contar historias, habitualmente de terror, para que los nietos se decidieran a dormir; la historia mayormente relatada fue la de la bruja, una señora que salía de su hogar una vez que se escondía el sol para llevarse a los niños desobedientes y que no querían dormirse.
Y precisamente en el desarrollo de la historia, las ramas se movían constante y fuertemente, alertando la llegada de este ser; la imaginación de los niños volaba y aunque se tapaban la cara la curiosidad terminaba por hacerlos voltear a la ventana y verificar con ayuda de la imaginación, que la bruja ya estaba sentada en una de las ramas esperando para llevarse a quien no optará por dormir.
Tal vez era el mismo miedo, o probablemente el cansancio de haber jugado todo el día, pero casualmente a la hora de concluir el relato, los cuatro nietos ya estaban dormidos; así eran los cuentos de dormir de Doña Luisa, terroríficos y efectivos, aunque al siguiente día, explicaba que las brujas no existían.