Es frustrante ver que la falta de compromiso de una sola persona puede echar por la borda el trabajo de aquellos que si han cumplido con la responsabilidad que se han puesto en su espalda.
Pretextos es lo que sobra a aquellos que no conocen el enorme privilegio de cumplir con su palabra; argumentos primitivos de la mediocridad y de la arrogancia que no conocen el valor de la honestidad; honestidad para aquellos que le han otorgado la confianza; honestidad consigo mismo; cuando no existe el respeto a ese valor, las personas no son dignas de crédito.
El camino se les hace cada vez más angosto, pues ellos mismos lo han sido cerrando; las puertas no siempre estarán abiertas; pájaros de barro que tarde o temprano el sobrepeso de la mentira los tumbará.
Sin lugar a dudas a todos nos gusta gozar de los privilegios que nos otorga la vida, o aquellos que el sistema efímeramente nos proporciona, o simplemente los que día a día nos ofrece la familia, no hay en el mundo ninguna persona que desprecie la oferta de un bien o servicio que le satisfaga alguna necesidad; lo tomamos, lo disfrutamos pero siempre con la mente puesta en la búsqueda de otras cosas adicionales que nos permitan esa agradable sensación de satisfacción; somos seres que solo nos sentimos importantes cuando algo o alguien piensa en cómo halagarnos y lo tomamos como una prerrogativa que nos corresponde por el simple hecho de existir, somos una generación hedonista sin fondo.
Sin embargo, esta sensación de satisfacción se ve frustrada cuando nos damos cuenta que no somos el ombligo del mundo y que para obtener esos privilegios tenemos que esforzarnos día con día en las tareas que nos corresponden dentro del ámbito social, e incluso en algunos casos tenemos que sacrificar algún otro beneficio menor con el afán de conseguir el objetivo deseado; cosa nada del otro mundo para aquel que está acostumbrado a la lucha diaria pero constructiva; para estos no hay nada como el deber cumplido.
Pero debemos aceptar que no para todas las personas es lo mismo, hay quienes sienten que todo lo merecen, o peor aún, se les hace creer que son sujetos de recibir beneficios sin que medie un esfuerzo de su parte, y muchas veces por comodidad, pereza o codicia aceptamos esa premisa como un hecho que se debe dar en la realidad sin que haya un razonamiento objetivo que los sustente; es aquí donde empiezan los conflictos de intereses: “quieren tener más pero dando poco o si es posible, nada a cambio”; quieren disfrutar sin que haya nadie que se oponga a sus deseos, y si acaso lo hubiese lo consideramos como alguien en quien debemos desconfiar.
Esta actitud de recibir pero no dar es la generadora de todo tipo de conflictos, familiares, laborales, y sociales, como los que actualmente nos aquejan; todo mundo pelea hasta con los dientes para lograr derechos, pero esa combatividad la olvidan cuando se trata de cumplir obligaciones, y egoístamente pensamos que primero debe estar nuestra satisfacción personal y luego la de los demás si es que sobra un lugarcito para ello; primero yo, luego yo y finalmente yo.
Esa inercia de flojera irrespetuosa debemos cambiarla por una estrategia de esfuerzo disciplinado, pero nunca pasando por encima de los demás. Cuando te eches un compromiso a cuestas ¡CÚMPLELO!, si no, mejor quédate callado.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está
Lic. Miguel:.Rosales:.Pérez:.