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Ciudadanía vital en el combate a la violencia

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TERRAZA

Los años han pasado, las estrategias de los gobiernos Federal, Estatal y Municipal para combatir el crimen organizado no han dado los resultados que quizá esperaban las autoridades y que la misma sociedad mexicana añora.

 

            Comisionados van y vienen, gobiernos cambian de color y de estrategias pero hasta el momento, ninguno ha logrado acabar con lo que muchos se atreven a señalar como el daño más grande para nuestro país.

            Así como el gobierno emplea diferentes estrategias para el combate, los cárteles se modernizan y estructuran de una mejor forma su operatividad, utilizando métodos nuevos o reciclando otros que en algún momento hicieron efecto en otros países como Colombia.

            Al igual que Tlatlaya, Apatzingán y Ayotzinapa, los bloqueos, los camiones incendiados, la pérdida de un helicóptero del Ejército y la extensión a varios estados del operativo del cártel Jalisco Nueva Generación parecen contradecir las evaluaciones optimistas del gobierno sobre la violencia, como bien dice Jorge Castañeda.

            En nuestro país, a las autoridades se les hace más fácil atribuirle al crimen organizado el sin fin de delitos que día a día han aumentado, como el secuestro, homicidios, tráfico de drogas y armas entre otros. Sin darse cuenta que con esto no se soluciona nada, por el contrario es pretender tapar el sol con un dedo.

            Estadísticas de la Procuraduría General de la República de 2006 a septiembre de 2014, la apertura de indagatorias por delincuencia organizada se redujo un 42 por ciento, al pasar de 2 mil 270 expedientes abiertos en 2012 a sólo mil 302 en 2013, reducción que indican los datos, se mantuvo en 2014, ya que hasta septiembre habían iniciado mil 002 casos.

            Lo que revelan dichas cifras es que la ciudadanía sigue sin confiar en las autoridades para denunciar este tipo de delitos, que sin duda son patrocinados por el crimen organizado. Y ante lo cual no se ha logrado hacer nada.

            En el trabajo que se debe coordinar para una mejor operatividad de las estrategias de seguridad nacional deberá estar sin duda, un mejor control de confianza de los cuerpos de seguridad, mayor y mejor equipamiento, mejores sueldos y un auto análisis de la forma de operar.

            Ampliar los trabajos de inteligencia de todos los niveles para empezar a dar buenos resultados. Pero no solo concentrarse a las grandes capturas y hacer los grandes avisos de operativos, más bien sería planear y ejecutar sin buscar ponerse la medalla del triunfo.

            La ciudadanía ya exige resultados palpables, más reales, lamentablemente no se puede seguir aplicando políticas de inteligencia dejando a un lado los delitos menores como robo a casa habitación o robo de autos entre otros. Pues en muchas ocasiones esos son los distractores en los que se apoyan estos grupos delincuenciales.

            El poder de reacción del crimen organizado ha dejado clara muestra que es mucho mayor que del gobierno y las diferentes instituciones involucradas, día con día se van apoderando de diferentes municipios a lo largo y ancho de nuestro país, entre los enfrentamientos por el control de las plazas y la muestra de poder hacia el gobierno el tiempo avanza y la forma que se ve a México desde afuera nos deja como un estado fallido y controlado justo por estas organizaciones.

            Es necesario que el gobierno en todos sus ámbitos y los ciudadanos trabajemos en el  mismo camino, no para ganar la batalla pero si para disminuir la violencia.

            Como bien dijo Miguel Ángel Osorio Chong, no hay grupo criminal que pueda vencer la determinación de los ciudadanos y de su gobierno por construir una sociedad libre de violencia. En efecto, somos más los que queremos paz, pero necesitamos más y mejores tácticas para hacerle frente a los grupos delictivos.