• El gigante asiático tiene mucho que perder si la situación en la península coreana se descontrola
China observa, entre la expectación y la incredulidad, cómo el cruce de amenazas bélicas entre EU y Corea del Norte alcanza niveles inéditos. Actor imprescindible para resolver el entuerto de la península coreana, Pekín ha repetido esta semana los llamamientos a la calma ante un combate dialéctico que, de desembocar en un conflicto, tendría consecuencias desastrosas para el país.
El mayor peligro para el gigante asiático es un cambio significativo del statu quo en la región: la situación actual no será la ideal, pero al menos es conveniente para sus intereses.
El presidente chino, Xi Jinping, conversó telefónicamente ayer con su homólogo, Donald Trump, para pedirle “contención”. La Casa Blanca ha informado de la llamada a través de un comunicado en el que asegura que Corea del Norte “debe frenar las provocaciones”.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Geng Shuang, había pedido horas antes a ambos países que “eviten ir por el viejo camino de mostrar fuerza y escalar continuamente la situación” y reclamó “cautela” en las palabras y acciones.
China se había mantenido hasta ahora en un discreto segundo plano en medio de los continuos ataques verbales entre Washington y Pyongyang. Pekín aboga exclusivamente por la vía diplomática para que Corea del Norte renuncie a su programa de armamento nuclear.
El país presidió a principios de siglo unas conversaciones multilaterales con los actores implicados (las dos Coreas, Estados Unidos, Japón, Rusia y China) para tal fin, pero los encuentros resultaron infructuosos y terminaron suspendiéndose en 2009 porque Pyongyang se levantó de la mesa de negociación.