Ya tocó turno a las principales figuras del actual gobierno federal. Uno, el presidente de la república. Otros, sus dos secretarios más influyentes. El tema es el mismo: casas obtenidas con la participación de empresarios constructores. Beneficiados, se dice, con obra pública.
Esto me recuerda la frase bribona, pero no por ello ajena a la verdad, del padre de los célebres hermanos Bribiesca Sahagún. Uno de ellos de vuelta en los reflectores en su natal Celaya, debido a sus aspiraciones proselitistas y sus dificultades con la aritmética más simple. Las cuentas simplemente no cuadran si consideramos el ingreso nominal gubernamental.
No se trata de casas que puedan obtenerse con un crédito FOVISSSTE y muchos años de cotización. Es decir, por alguna razón las cuentas resultan muy favorecedoras en algunos casos. Luego entonces comienzo a creer que, en efecto, 4×4=24. He aquí la aplastante lógica para hacer más con menos:
“Pendejos si no suben. Si mis hijos no aprovechan las relaciones que tienen ahora por ser quienes son, serían pendejos. Son parte de la familia presidencial, ¿quién les va a decir que no?… Todo el mundo quiere quedar bien con ellos y tienen que aprovecharlo” (La Familia Presidencial, Grijalbo). Así de simple la opinión de un hombre de campo, quien perdió a la vaca y los becerros pero no el ánimo para quedar bien y recibir una salpicadita.
Los espacios de poder público en México se han usado siempre para ello. Lo que distingue a unas y otros son la posición alcanzada y el estilo. En arca abierta hasta el más justo peca, reza justamente el refrán. La división de poderes por otro lado, no deja de ser mera quimera constitucionalista. De ahí que el gusto por aprovechar la situación se repita, guardadas proporciones, en los tres órdenes de gobierno.
Esto de las casas de lujo no es nada nuevo. Del ex presidente Luis Echeverría se afirma que durante su mandato adquirió al menos 50 por ciento de más de 40 casas que tenía en el Distrito Federal, una vivienda de descanso en el Pacífico mexicano y de un terreno en Playa del Carmen valuado en 130 millones de dólares. A punto de terminar su sexenio, se reveló públicamente que el entonces presidente de la República José López Portillo estaba destinando grandes cantidades de dinero en la construcción de mansiones para él y su familia en “la colina del perro”, por aquello de la defensa del peso.
Con la diversificación de las redes de poder y la globalización, actualmente la cosa es más complicada y cosmopolita. No hace mucho, Senadores de la República pidieron investigar al ex gobernador José Murat por la supuesta adquisición de inmuebles en el extranjero. A la exdirigente magisterial Elba Esther Gordillo se le señaló por poseer inmuebles en zonas exclusivas de México y Estados Unidos. Y así sucesivamente…
Fundamentalmente destaca el gran impacto mediático, pero de ahí no pasa. Incluso parece “fuego amigo”. Son tiempos electorales. Hay que abrocharse el cinturón de seguridad.