RETRATOS HABLADOS
La eventual llegada de Carolina Viggiano a la gubernatura de Hidalgo, de ganar los comicios del mes de junio, empieza a ser explicada no como producto de un trabajo previo en los diferentes cargos que ha desempeñado, o su labor en el Congreso local y del país, y sí en cambio resultado de un acuerdo cupular de su partido, el PRI, con el gobierno del presidente López Obrador, quien, según estas versiones, estaría dispuesto a entregarle la victoria si lo apoyan en la aprobación de su Reforma Energética.
Es decir, la posibilidad de que una mujer ocupe el cargo más importante de elección popular en la entidad, para quienes manejan la versión anotada, solo puede tener como explicación un arreglo previo, toda vez que su derrota estaría cantada de antemano y, como consecuencia, la victoria del candidato de Morena, Julio Menchaca.
Nada que reconocer en el trabajo político que ha realizado Viggiano; nada qué destacar en su larguísima trayectoria; nada qué calificar como positivo para tener posibilidades de triunfar por sus propios atributos, y llegar a la primera magistratura del Estado. Nada de nada, según esta historia que, a fuerza de repetirse a través de trascendidos, para muchos se ha convertido en casi una verdad absoluta.
Por supuesto es lamentable que esto suceda, porque además de observarse como una actitud misógina al descalificar la eventual victoria de una mujer, con argumentos igual de lamentables, nos hace ver que en la política la visión machista no ha desaparecido y, por el contrario, ha crecido justo cuando la competencia parece cerrarse aún antes de que las campañas empiecen.
Seguramente el propio candidato morenista, Julio Menchaca, es el primero en reprobar estas versiones que insisten en que, si una mujer gana la elección por venir, luego entonces debe tener como origen algo raro, un acuerdo, un trato, porque de otro modo es imposible que gane por talento, buen trabajo político y fruto de un voto razonado que deposita en ella su confianza.
La descalificación por adelantado es lamentable, incluso patética, porque minimiza el trabajo no solo de Viggiano, sino de todas las mujeres que aspiran a un cargo de elección popular, que ya lo alcanzaron o que están por lograrlo.
Convertir de pronto su eventual victoria en cheque de cambio para que la Reforma Energética presidencial pase en el Congreso de la Unión, suena a una táctica que incluso atentaría contra la imagen del aspirante morenista, Julio Menchaca, quien sería colocado en el mismo tenor al tener que estar a la espera de recibir la orden de salir a la elección simplemente para dejarse perder.
Vaya pues que por donde se le vea, la versión insistente es una ofensa, por supuesto para Carolina Viggiano, pero también para Julio Menchaca, quienes, estamos seguros habrán de ser protagonistas de una campaña inteligente, alejada de ofensas y guerra sucia, donde lo que se observe sea la capacidad para dialogar con la ciudadanía y, por sobre todas las cosas, presentar los mecanismos que harán realidad cada uno de los proyectos que hoy mismo tienen en el tintero.
Descalificar de antemano la posible victoria de una mujer por el hecho de ser mujer, y adjudicar todo el logro a un “arreglo” previo, es ofensivo aquí y en cualquier parte del mundo.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.
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@JavierEPeralta